Se toman las primeras muestras ganaderas del año -Valdemorillo, Castellón, Valencia- y se ponen en un platillo todas las corridas de sangres Domecq, y en el otro todas las demás. Un equilibrio. Entre paréntesis, estaban por verse seis de las ocho corridas de Fallas: dos de la llamada Feria de los Encastes y las cuatro de la llamada Feria de las Figuras, que podría haberse bautizado como feria Domecq si se hubiera echado mano de la percha del toro. La percha publicitaria, no las caras ni los pitones ni los cuajos. La percha es el gancho con que se cuelga.
Las dos denominaciones, deliberadamente ambiguas pero de sencilla interpretación, se prestan a toda clase de juegos semánticos y son carnaza para los dos bandos. Porque hay dos bandos. “¿Qué es eso del torismo…?”, se preguntan los que niegan hasta la razón de ser de los amigos de los encastes. Encastes, en plural.
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