A Javier Castaño se le está comenzando a hacer justicia. Al menos por parte de la afición. En Castellón, primera feria importante del año ha dado el aldabonazo. Tres meritorias orejas, en una corrida de las denominadas duras o lo que es lo mismo con toros de los que por su trapío, encaste o leyenda suelen evitar anunciarse las figuras, y que sin embargo son las únicas al alcance de los que pugnan por asaltar la trinchera que los separa de los privilegiados montados en el euro. Pero es que además el salmantino-leonés es de los que dejan ver los toros colocándolos en el sitio y a la distancia adecuadas para que luzcan en el tercio de varas. Y a mayor abundamiento no tiene inconveniente en que su formidable cuadrilla brille en el segundo tercio, colocando rehiletes y bregando con la capa con valor, sabiduría y empaque. Castaño sabe que una corrida de toros es algo más complejo que la faena de muleta del matador. Que el toro, los picadores y los rehileteros también forman parte de la grandeza del espectáculo. Y los públicos ya han colocado a Castaño en el lugar que merece por su generosidad y entrega en el ruedo. ¿Lo harán algún día las empresas, acartelándolo con los toreros de postín? Sería interesante saber que tal luce Castaño despojado del uniforme de guerrillero y enfundado en el del ejército regular...
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