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Esaú, nombre de torero

Llegar a la Maestranza desde Camas, molde de fundir toreros, recibir el birrete y la toga de doctor en tauromaquia de manos de Morante de la Puebla con el testimonio de El Cid y abrir la puerta grande, debe ser un sueño para un torero andaluz. Esaú, nombre bíblico hasta el día 3 de Mayo de 2011 y desde las seis y cuarenta y cinco minutos de ese día nombre torerísimo, hizo realidad esa ensoñación. “¿A dónde va ese niño que se llama tan raro?”, puede que pensara antes de la corrida algún sevillano con retranca. Y el toricantano se puso de rodillas a portagayola, tragó lo indecible para recibir con una larga cambiada al primero de la tarde, y dejó muy claro que iba a intentar ser torero de postín. Porque el jovencísimo Esaú Fernández tiene torería, se sabe la papeleta y anduvo en sus dos toros –los únicos que embistieron de la media docena de El Pilar llegados de tierras salmantinas- tranquilo y sosegado, como si fuera un veterano de muchas guerras que asistía de espectador e un simple altercado de patio de colegio a la hora del recreo. Torea con profundidad y sentido del temple y su figura me recordó mucho al Finito de Córdoba de sus tiempos novilleriles y primeros de matador de alternativa. Que no es cualquier cosa aunque ahora, ya de vuelta de tantas batallas, algunos le nieguen el pan y la sal.

Morante y El Cid podrían decir como Felipe II -el de la maceta en la cabeza- en ocasión del desastre de su Armada Invencible, que ellos no estaban allí para luchar contra los elementos. Como casi todo lo que están vomitando este año los chiqueros de la Maestranza, los de Moisés Fraile resultaron cortos de casta y algunos con malas intenciones. Pero el hada madrina que reparte la suerte a los toreros, le tenía reservados a Esaú los dos únicos bureles encastados y con nobleza. Tarde la de hoy, de la que sólo me han quedado en la retina un quite por verónicas del diamante de La Puebla, las ganas y el buen momento del león de Salteras, y sobre todo la ilusión torera de un niño vestido de blanco y oro que se convirtió en la pura imagen de la grandeza de la Fiesta. Esa Fiesta en la que un hombre vestido de seda y oro puede salir disparado hacia la gloria en unos minutos. Esa es la grandeza del toreo. ¡Viva la Fiesta Brava! Y al que le pese que reviente…

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Esaú, nombre de torero

Paco Mora

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