Raro apunta el comienzo de la temporada de 2014. Uno pensaba que con todo el invierno por delante, los que si naufragara el barco del toreo tendrían que nadar por un auténtico mar de los Sargazos, se esforzarían en buscar puntos de encuentro en el complejo entramado de intereses que conforman la Fiesta Brava como negocio. Muy al contrario, lo único que se les ha ocurrido ha sido esgrimir las navajas cabriteras en estériles enfrentamientos, sin detenerse a pensar en el daño que sus actitudes romas y egoístas infringen al conjunto del espectáculo. Evidentemente, no han sabido hacer frente a la tempestad, y en vez de manejar el timón con pericia para mantener el barco a flote, se han lanzado al agua buscando cada uno su salvación aunque sea a costa de los demás como en el hundimiento del Titanic.
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