El próximo 20 de agosto supondrá un punto y aparte en la carrera de Andrés González. Tras una etapa como novillero llena de altibajos y en la que quedó relegado al banquillo de las oportunidades, el sobrino de Dámaso se convertirá en matador de toros. Con la ilusión intacta, el joven albaceteño prefiere olvidar el pasado, no mirar atrás y dar el golpe de efecto definitivo que cambie por fin una trayectoria marcada por la dureza de la falta de contratos.
“Siento una admiración y un respeto enorme por mi tío. Ha sido un figurón y es un espejo para mí”
“Hice méritos para torear más y en mejores condiciones pero por circunstancias las cosas se pusieron difíciles. Ahora hay que arrear sin mirar atrás”
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“Ha llegado mi momento”
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