Cuentan que la España que vivimos ya no va a ser nunca la misma. Es decir, que las burbujas se agotaron. Las del ladrillo, las de las finanzas y las especulaciones. Permanecerán las de la gaseosa y el champán. Y las del cava, para los del mal gusto y peor memoria. Me dicen mis amigos tolerantes, que los tengo y buenos, que no es posible mi conversión hacia la corriente de lo no catalán. Es decir, y enumero como ejemplos, el no cava, no butifarra, no pan tumaca y no caracoles de la Mastressa, no al cocido a la catalana y no al pollo con gambas del Palamós. “Inter otras cosas”, que diría Séneca. Séneca era un ciudadano romano, nacido en Córdoba, que reía poco y pensaba mucho al que yo le suelo preguntar cosas. Y sobre esa ennumeración de productos, me dice que no hace falta ser adictos al no catalán para decir no. ¿Por qué, Séneca?
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