La intolerancia y el espíritu tribal que ha resucitado en el país, de una manera altamente negativa para la convivencia en paz y armonía de sus ciudadanos, ha irrumpido también en el mundillo taurino. Con razón decía Ortega y Gasset que para saber el estado real de la nación bastaba con asomarse a una plaza de toros. El toreo, como arte que es, debe gozar de un ambiente sosegado y reflexivo sino queremos convertirlo en un guirigay incomprensible e inaguantable, del que convenga mantenerse apartados. Es cierto que la crisis económica influye grandemente en que mucho público haya olvidado el camino de las taquillas de las plazas. Pero no son las dificultades de una economía popular depauperada el único factor que mantiene el espectáculo en una extraña situación, en la cual imperan la intransigencia, el radicalismo, la negatividad y la falta de respeto a los demás y sobre todo los palos de ciego a la esencia misma de la Fiesta, vulgarizándola hasta extremos insoportables.
Lea el artículo completo en su Revista APLAUSOS
Acceda a la versión completa del contenido
Intolerancia y espíritu tribal
De San Blas a San José, las primeras ferias de la temporada lucen diferentes y…
El cohete que advierte del inicio del encierro ha corrido a cargo de Tomás Páramo.…
Un coso al que regresaron los toros por todo lo alto tras varios años de…
La capital charra ha vuelto a rendir honores un año más al maestro con la…
Ambas localidades cierran sus tradicionales carteles de abril
Harán el paseíllo los tres matadores de toros que tiene Navarra, los tres ‘javieres’: Javier…