BENLLOCH EN LAS PROVINCIAS
Foto: Antonio ViguerasFoto: Antonio Vigueras

Juan Ortega hizo lo más torero en la tarde de San Juan

José Luis Benlloch
domingo 25 de junio de 2023
El sevillano y Emilio de Justo cortaron una oreja por coleta en una tarde que no acabó de coger altura; los toros del gran Daniel no fueron como él los soñaba

Un San Juan sin un Manzanares es una rareza. Visto lo visto finalmente, peor todavía, diría que es ave de mal agüero. Ayer ni embistieron como se soñaba que embistiesen los toros de Daniel, una pena, ni los toreros estuvieron especialmente inspirados ni tampoco a gusto. Uno no quiere ser supersticioso, pero hay señales que mosquean y en un San Juan sin un Manzanares… hay que tocar madera. No es cuestión de coger la tarde en su conjunto, hacer un gurruño y echarla al saco del aburrimiento, no. Hubo cosas a tener en cuenta, las espadas viajaron en general con tino y verdad, y eso debe puntuar. Hubo ramalazos de la mejor torería, como no es difícil adivinar, a cargo de Juan Ortega. Hubo grandes dosis de voluntarismo que no sé si situarlo en el lado bueno del balance, fundamentalmente porque degeneraban en una insistencia excesiva, como sucedió en el caso de Emilio de Justo, cuestión impropia si se quiere mantener estatus en las alturas. Hubo predisposición, pero también disgusto en el caso de Cayetano, que no encontró su sitio en ningún momento y apunté varios pares de banderillas importantes como el primero de Joselito Rus.

Tras el llenazo de la víspera, ayer el sol le pudo a la afición y la plaza registró poco más de media entrada. Los toros llegados desde Cortijo del Campo lucieron divisa negra en recuerdo de su criador, el gran Daniel, el hombre de la afición más desbordante de cuantos pisaron campos y plazas. Si ayer hubiese estado en Alicante no se hubiese ido contento, porque él los criaba con otra intención y porque el que apuntaba a toro de la tarde, el sexto, se rompió una mano en los lances de recibo y con ella se fueron las expectativas que había despertado en ganadero, torero y afición. Una pena.

Serio y de corto recorrido el primero, que se enceló en el caballo y le dieron para ir pasando. Cayetano, de rosa y oro, cuajó lo mejor sobre la mano zurda en una tanda que puso a tocar a la banda. Cuando había encontrado la solución (¿?) se echó la muleta a la de derecha y ya nada fue igual. Pinchó antes de cobrar una buena estocada. A su segundo, que lucía un curioso tupé, lo picaron con gran alboroto, en realidad mal, y todo lo que prometió un torero arranque de faena recostado en la contera de la barrera, quedó en nada. Se afligió el toro, se echó y todo lo que intentó Cayetano fue agua de borrajas.

De breve trapío y nada bonito fue el toro segundo, de canela y oro compareció Emilio de Justo, que brindó cortés y clásico al público. Luego el toro feo fue bueno y De Justo le aplicó muchos pases, muchos. Los mejores fueron los de pecho y la estocada, que le valió una oreja; lo peor el esfuerzo que traslucía cuanto hacía y las voces que acompañaban todo. Torear exige más naturalidad y relajo. No es este el mejor De Justo. El quinto le apuró en el recibo y la faena, planteada demasiado al hilo, nunca acabó de levantar vuelo. Insistió demasiado y se le encasquilló la espada.

Ortega recibió a su primero con unas torerísimas verónicas rodilla en tierra, muy ordoñistas, detalle que alternando con Cayetano suena a robo. El toro que peleó con bravura en varas se descompuso pronto en el tercio final. No quería a nadie cerca, quizá con más aire pudo atemperar ese genio, pero no se lo dieron y quedó la duda. Lo mejor de Ortega, los detalles, el entrar y salir de la cara del toro, un pase de las flores, otro de pecho, perlas sueltas de torero caro y como detalle final una excelente estocada que valía por ella misma la oreja que le concedieron.

Lo mejor de Ortega llegó en el toreo de capa al sexto. Lances preciosos, de mentón hendido en el pecho y cintura rota en el recibo, y unas preciosas y airosas chicuelinas que le recetó en el tercio de quites. Y a partir de ahí la nada, el toro acusó la rotura de la mano y fin.

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