Tras las Fallas y a la espera de Sevilla, compás de espera. Los que tengan paciencia para esperar, naturalmente, porque Juli, otra vez ejemplo, no se aguantaba y se ha ido a México con su música de guerrero impaciente para que la red, sustituta de los viejos teletipos, siga pregonando orejas y triunfos. Se sabe poderoso y en el punto, sabe, el tío es listo, que es el momento de atacar y marcar diferencias y no concede un solo detalle. Así que torea, torea, torea, hace vida sana, va de una parte del campo a otra -ese vídeo de Mundotoro tentando en lo de Benjumea me tiene alucinado- y si es necesario se larga a México con su música de guerrero impaciente para no perder ese punto de excitación que da la proximidad del público. Ese estado de efervescencia profesional le genera felicidad.
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Juli, la música del guerrero
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