Ayer en la Aste Nagusia de Bilbao volvió a hacerse realidad. Los maestros del toreo están para dar solidez y seguridad a los carteles. El espectáculo taurino es muy imprevisible y lo que no ocurre en un año sucede en un minuto.
El axioma de este titular se cumple casi siempre. Ayer en la Aste Nagusia de Bilbao volvió a hacerse realidad. Los maestros del toreo están para dar solidez y seguridad a los carteles. El espectáculo taurino es muy imprevisible y lo que no ocurre en un año sucede en un minuto. Luego vienen las "madres mías" y los ataques de ansiedad. Y a los públicos, hasta a los tan serenos y circunspectos como el bilbaíno, les saltan los fusibles y se arma la marimorena. La táctica de dejar las corridas en mano a mano cuando falla un torero de la terna no es más que una picardía de las empresas para ahorrarse un dinero. Y como han visto que van saliendo adelante abusan de la fórmula. Hasta que como ayer en Bilbao el público pagano se cansa de que se juegue con su bolsillo y estalla. Tanto va el cántaro a la fuente…
Los mano a mano no los deben hacer las empresas sino los públicos con su interés en ver medirse a dos toreros que por unas u otras razones entran en rivalidad. Suerte tuvo ayer la empresa del Bocho con que el joven Garrido estuviera hecho un tío, que si no allí arde Troya. Porque ya llovía sobre mojado. A ver si sirve de escarmiento y se dan cuenta los "cuentaeuros" de que los mano a mano surgen solos. No pueden ser un recurso ni una viveza empresarial.
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