Esta finca sevillana fue sede de una congregación de monjas para profesar su fe a Dios. De ahí su nombre. Muchos años después, y ya convertida en ganadería de bravo, en esta finca se sigue cultivando la fe, pero en este caso a un encaste, Jandilla. Su propietario, Manuel Bajo, adquirió esta vacada hace dos décadas, cuando no se encontraba especialmente en un momento dulce. Pero apostó. Se acogió a la máxima de que donde hay, siempre queda. Y diez años después, con fe y esfuerzo, ha logrado llegar al meollo de la bravura y sacar a flote una vacada de categoría. No es muy conocida entre el gran público, poco le falta, pero goza del crédito de los profesionales que han tenido el gusto de catar esta nobleza de sangre Domecq.
“La ganadería estaba en un momento bajo con problemas de flojedad. Se solucionó y ahora ya se ven los resultados”
“Cuando un toro mete la cara o le dan una vuelta, te recompensa todo el esfuerzo y sacrificio”
“Jandilla es la madre de muchas ganaderías. A mí me gusta y además es un toro que lo matan las figuras en las ferias”
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La bravura, cuestión de fe
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