Hay algo que es un eterno milagro: la cantera. Este país es fértil, y más aún en tiempos críticos no deja de parir nuevas ilusiones en nuevos chavales. Ahora que apenas hay novilladas, ahora que se acabaron los padrinos, ahora que es más barata la Universidad que ayudar a un chaval que apunta grandes posibilidades, ahora con todo en contra llega otra primavera con nuevos nombres y nuevas ilusiones. Ese es el milagro en medio de este secarral económico. Hablo con unos amigos franceses y están ilusionados con un chaval llamado Clemente. Ya sabíamos de las posibilidades de otro muchacho extremeño llamado Ginés Marín y ahora ha pegado un puñetazo de cuatro orejas, y una solidez no muy común, en Olivenza. Hace poco vi con Ángel Calamardo a otro que se llama Filiberto y tiene un corte que si no se malogra pinta a figura. En mi Castellón del alma hay otro crío llamado Juan (a ver si le borran el Jonathan) Varea que tiene un gusto importante. Ahora resulta que el país está plagado de futuros toreros con enormes virtudes mientras cerramos plazas y esquilmamos ganaderías.
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