Tengo una amiga que no cree en la dieta del bocadillo. No es que esté gorda. Anda llenita, como ancha de más, los ojos se le esconden en la cara y los muslos le rozan ligeramente al caminar. Por eso los tiene suaves. Esto lo supongo, porque no lo practico. Yo le digo que está muy bien, pero ella dice que no porque los del andamio le dicen maciza y le silban. Creo que mentimos los dos: ella está con kilos de más y los andamios ya no lanzan esos piropos castizos de los currelas. Estamos sin andamios y cuando los hubo, subimos a ellos a senegaleses, ecuatorianos y rumanos sin enseñarles el oficio. Tía buena. Maciza. Eso es caminar y lo demás joder el suelo… Los de izquierdas dicen que se puso fin al machismo. Yo creo que se puso fin a una parte del paisaje. Pero a lo que iba, a la dieta del bocadillo. A mi amiga no le convence. Ni a mí tampoco. Ni en los toros.
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La dieta del bocadillo
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