EL PALCO

La enorme dimensión de Perera

Rafael Comino Delgado
sábado 13 de abril de 2024

La Providencia quiso que el pasado día 10 de abril, le tocaran, en Sevilla, a Miguel Ángel Perera dos toros de El Parralejo, bravos y encastados, pero totalmente opuestos, lo que permitió al torero de La Puebla del Prior mostrar la enorme dimensión que como torero atesora. Me atrevería a decir que ahora, en que el próximo 23 de junio se cumplirán 20 años de su alternativa, es uno de los toreros más completos, sino el que más, del escalafón, y está en un momento cumbre de madurez en su carrera.

Tiene un valor fuera de lo común, técnica sobrada, toreo poderosísimo, siempre por abajo, con un trazo larguísimo, y últimamente está matando los toros muy bien, aspecto que durante años le había quitado muchos grandes triunfos. Estoy seguro de que Diego Robles, que este año le acompaña, va a disfrutar mucho con su torero.

“Tan grandiosa obra merecía una gran estocada como la que ejecutó el maestro Perera, y las dos orejas, más que merecidas, fueron a parar a sus manos, con lo que la puerta del Príncipe se abrió de par en par”

El primero fue un toro, como decíamos, muy encastado, muy enrazado, al que Miguel Ángel se lo dejó, como en él es habitual, totalmente crudo en el caballo, por tanto, lo primero era someterlo con su poderosa muleta por abajo, obligándole a seguirla hasta el final, con lo cual, una de sus series valía por dos o tres puyazos buenos. Y una vez sometido, había que templar su embestida, labor muy complicada dada la forma de embestir que tenía, nada rítmica, por lo que debía tocar muchas teclas para que los muletazos resultasen limpios y estéticos. Y Miguel Ángel lo consiguió de forma magistral hasta arrancar los oles de los tendidos, que seguro le sonaban a gloria en la Maestranza.

Allí, en el ruedo de Sevilla, había emoción, mucha emoción, que en definitiva es el toreo, por eso cuando falla la emoción la fiesta se muere. Fue, pues, un toro muy exigente que, en otras manos, seguramente no hubiese lucido lo que lució, pero en sus manos fue un gran toro al que, tras una estocada sencillamente perfecta de ejecución y colocación, cortó una oreja de muchísimo peso, con la que entreabría la puerta del Príncipe.

“La Providencia quiso que el pasado día 10 de abril, le tocaran, en Sevilla, a Miguel Ángel Perera dos toros de El Parralejo, bravos y encastados, pero totalmente opuestos, lo que permitió al torero de La Puebla del Prior mostrar la enorme dimensión que como torero atesora”

El cuarto toro de la tarde, también de El Parralejo fue, como el anterior, un toro muy bravo y encastado, pero con mucho ritmo y mucha calidad en sus embestidas. En este otro toro pudimos ver la otra cara del torero Perera pues, aunque como al primero, había que someterlo, era menos exigente en ese aspecto, y en cambio permitía un toreo más reposado, más limpio y mucho más acompasado y estético. Metafóricamente podríamos decir que tenía música en sus embestidas, pero había que sacársela, y Miguel Ángel, con su muleta, se la sacó, y era desde desde valses de Strauss hasta el Concierto de Aranjuez, pasando por la quinta de Beethoven, con lo que la faena alcanzó por una parte gran emoción, y por otra gran estética.

Las series, por uno y otro lado, con muletazos profundos, bellísimos, rítmicos, perfectamente ensamblados, compusieron una gran obra de arte, plena de técnica, de sabiduría, de sentimiento, al acorde de los oles, una y otra vez, de la plaza entera. Tan grandiosa obra merecía una gran estocada como la que ejecutó el maestro Perera, y las dos orejas, más que merecidas, fueron a parar a sus manos, con lo que la puerta del Príncipe se abrió de par en par. Enhorabuena, maestro.

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