"Dios nos libre del día de las lamentaciones”, dice un conocido proverbio. Proverbio que le viene como un guante a la situación actual del toreo en Cataluña. En cualquier caso, no derramemos lágrimas de resignación sobre el cadáver de la Monumental de Barcelona, primero porque continúa viva y erguida en toda su grandeza arquitectónica y, después, porque sería llorar como plañideras lo que no supimos defender como hombres. Es tiempo de cuadrar los hombros, no aceptar la muerte del toreo en la tierra de Pompeu i Fabra y aplicarnos a hacerle el boca a boca hasta que vuelva a respirar. Tan pocos y mal avenidos no pueden acabar con algo tan grande en lo que coincidimos tantos millones de seres humanos, al margen de lugares de nacimiento, ideas políticas, creencias o fortuna.
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