La resaca de Barcelona que entiendo como un ¡Hasta luego!, pensar un desenlace más radical como el ¡adiós! sería una invitación a bajar los brazos, se está cociendo a fuego lento. La coyuntura económica y por derivación -de deriva- coyuntura social que sufre el país ayuda tanto como perjudica. Una familia pasando necesidad puede convertir en aparente frivolidad una acción social a favor de la corrida; una familia pasando necesidad para alimentar a sus hijos convierte en una irresponsabilidad, una sobre otra y sobre otra mil, desviar fondos públicos para pagar indemnizaciones por no dar toros. A propósito, ¿cuántas y cuántas corridas y festivales se habrán dado en Barcelona y en el mundo para paliar necesidades sociales y vitales en las que el toreo ha metido el hombro y sus gentes la vida por ayudar?… pero no es cuestión de implorar caridad o predicar nostalgias, sólo se trata de imponer el pragmatismo económico y exigir derechos constitucionales del rango de la libertad de mercado, libertad de pensamiento, de trabajo, igualdad...
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No hay que bajar los brazos
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