Se mezclan los sabores. La felicidad exultante del éxito y el rictus brutal de la tragedia. Sevilla se despide tras una feria mucho mejor que la del pasado año y peor de lo que siempre desearíamos. Pero Sevilla ha tenido cosas muy buenas e indiscutibles. El éxito tronante de tres toreros que se han escapado del pelotón de cabeza. Tres toreros buenos de los que saben torear, tres diestros a los que se va a gusto a la plaza para verles actuar. Ese Juli, ese Morante y ese Manzanares se han convertido en los habitantes por derecho propio del pódium de Sevilla. Pero hay uno que les pisa los talones y es un gallo francés llamado Castella, que volverá a la carga a las primeras de cambio. El resto de la tropa de los de cinco estrellas está actuando con irregularidad. Ponce el grande, eligió mal el inicio de su temporada. Mal elegidas las corridas de Valencia y su aniversario, escasa presencia, sólo un paseíllo, en Sevilla y ausencia de Madrid. Ponce nunca fue feble en sus planteamientos de temporada. Por eso me extraña lo que ha sucedido. El Cid está en duro periodo de recuperación. No es fácil pero hay que apoyar su retorno. Perera no anduvo fino pero volverá a los días de vino y rosas. Fandi, te gustará más o menos, pero no defrauda nunca a sus clientes. Cayetano anda aseado y debe explotar, y sería perfecto el estallido en Madrid. Talavante torea mejor que nunca y mata igual de peor que siempre. A Luque se le heló la sangre en Madrid y le duró el frío en Sevilla.
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