Hay un trabajo antes y una queja después. No puede ser la queja primero. Eso nunca. Sobre las enfermerías de las plazas de toros hay ríos de tinta. Y de sangre. Lejos de cualquier mala interpretación de este artículo o de otros que haya escrito sobre este asunto, lo que pienso de la sanidad de urgencia de los toreros está escrito hace tiempo: que está de mano de Dios, o de la mano del azar, para los no creyentes. Y lo está, en gran parte, por dejación del propio gremio, incluyendo propiedades de los inmuebles, administraciones, empresas y toreros. Y para que quede aún más claro, es evidente que la queja absolutamente humana de un familiar, amigo o allegado a un torero, José Tomás o quien sea, es lícita, comprensible y en su lugar. Quede claro, porque andamos metidos en unos tiempos en los que opinar y posicionarse se lee, a veces, con el papel al revés.
Lea el artículo completo en su revista APLAUSOS
Acceda a la versión completa del contenido
Que se entienda bien
Solo Perú vive un estado de euforia y crecimiento bajo los efectos de Roca Rey
Isabel Donet glosó la figura de su amigo y compañero tantos años, y director de…
El diestro castellonense anuncia que vuelve a torear siete años después de cortarse la coleta…
La Unión de Abonados de Madrid rinde un emotivo homenaje al torero gaditano en la…
Según informa El Mundo, el programa electoral de los populares incluye la restitución del galardón…
La cuestión en tiempo de tanta uniformidad y seguidismo de las figuras es muy a…