La temporada tocó a su fin. En la apoteosis final no todo fue glorioso. Ni de haberlo sido lo hubiesen permitido. O eso cabe imaginar dada la inclinación del toreo a fustigarse. Digamos y creo que se ajusta a la realidad, que hubo más ruido que sinfonía. Esa fue la medida. La atención principal de la semana se la repartían Zaragoza y los festivales: Sevilla, Chinchón, La Puebla... Pulso desigual. En realidad antinatura. La trascendencia de una feria de primera categoría, dura por naturaleza, con un lugar privilegiado y decisivo en el calendario, tanto que muchas temporadas regulares -o malas incluso- de figuras y menos figuras se arreglaron y se arreglarán mientras el toreo tenga un hilo de vida en Zaragoza, la sitúa por encima de cualquier comparación de este tipo.
Lea el artículo completo en su Revista APLAUSOS
Acceda a la versión completa del contenido
La importancia de Zaragoza
Solo Perú vive un estado de euforia y crecimiento bajo los efectos de Roca Rey
Isabel Donet glosó la figura de su amigo y compañero tantos años, y director de…
El diestro castellonense anuncia que vuelve a torear siete años después de cortarse la coleta…
La Unión de Abonados de Madrid rinde un emotivo homenaje al torero gaditano en la…
Según informa El Mundo, el programa electoral de los populares incluye la restitución del galardón…
La cuestión en tiempo de tanta uniformidad y seguidismo de las figuras es muy a…