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La suerte de varas

Es excepcional ver un puyazo puesto en su sitio y, más aún, picar bien a un toro, incluso se puede uno pasar la temporada entera sin verlo...

Es excepcional ver un puyazo puesto en su sitio y, más aún, picar bien a un toro, incluso se puede uno pasar la temporada entera sin verlo. De hecho estudios científicos realizados por veterinarios de la Universidad de Córdoba (Barona, JF y Cuesta, AE, 1999) y de Las Ventas, Madrid (Fernández, J. Villalón, 1998) demostraron que sólo entre el 4 y el 7 % de los puyazos se ponen en su sitio, en un lugar correcto. Un puyazo en el hoyo de las agujas es un puyazo trasero, y en la cruz es muy trasero. Se debe picar en el tercio posterior del morrillo, pero dentro del morrillo y, naturalmente, en el centro, no caído hacia un lado u otro. La razón (según me han explicado ilustres veterinarios) es porque en esa zona hay una gran masa muscular, y además, el “gran ligamento cervical” va desde la cruz, aproximádamente, hasta la cabeza, y en ese ligamento se insertan los músculos que mueven la cabeza, que le permiten al toro pegar derrotes. Por tanto la gran masa muscular impide que la puya llegue al esqueleto y/o articulaciones, y sólo se lesionarían músculos y el gran ligamento, con lo cual el toro sangra, se ahorma la embestida, humilla más y derrota menos. Las puyas puestas más atrás del tercio posterior del morrillo, sobre todo si son caídas, pueden, por razones anatómicas, lesionar la parte ósteo-articular, lo cual es frecuente, dificultando la movilidad del animal. Podemos ver, con frecuencia, que al salir del caballo muchos toros pierden las patas delanteras al haberse producido las antes mencionadas lesiones ósteo-articulares. Puyas muy traseras y caídas pueden, incluso, llegar al pulmón provocando un neumotórax al toro, lo que le impedirá respirar normalmente. Vemos, a veces, picar a un toro en la cruz y recibir el picador una fuerte ovación, e incluso un premio, lo que es un grave error, mientras los mismos que aplaudieron el mal puyazo protestan airadamente porque el caballo traspasó, unos centímetros, la primera raya, hecho que no tiene la más mínima importancia. Pero para mí el verdadero problema radica en que los profesionales no hacen nada para corregir esto, para que se pique en su sitio, con lo que el torero tendría más posibilidades de éxito, y ¿por qué no lo hacen? No lo sé, pero sí tengo claro que el que da, o debe dar, las órdenes es el matador.

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La suerte de varas

Rafael Comino Delgado

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