José Murube defiende en La Cobatilla el mestizaje histórico de un hierro con más de 160 años de historia y unos criterios de personalidad, asentado por el tiempo y por la constante evolución de su selección. Un comportamiento muy fiable, muy consistente en las señas de identidad de lo que fue siempre esta sangre: galope, temple, ritmo, nobleza y clase. Como defiende el ganadero: una apuesta por lo que ha tenido la camada del último ejercicio, calidad. Con el tiempo, se han adecuado las hechuras, se han uniformizado. Y ahora, reconoce, su objetivo es continuar disfrutando de criar el toro que quiere, aportando un punto más de raza.
- “Público, empresa, torero y ganadero. Nivelar esos cuatro factores es lo más difícil para un ganadero, incluso más que la propia búsqueda de la bravura”
- “No soy ganadero por hacerme rico, esto no es un negocio. Tampoco busco arruinarme, pero quiero ser feliz y que mis toros se adecúen al comportamiento que quiero. Si me cuesta dinero, ya buscaré tener menos hobbies”
- “Estoy satisfecho pero quería más, no lo voy a negar porque sería engañarme. Y por encima de todo quiero ser realista. La camada ha sido buena pero por debajo de las expectativas que tenía”
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Llamarada de calidad
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