A la emoción se llega en el toreo por dos caminos paralelos que aunque no se encuentren en el infinito, tampoco son incompatibles sino complementarios. Esos dos cauces generadores de emotividad son el del toreo que busca la mayor perfección estética dentro del dominio del toro, aprovechando sus condiciones o bien aplicándole la lida adecuada fundamentada en una buena técnica. Las faenas con esa base pasan por el cerebro antes de llegar al corazón, y suelen perdurar en el recuerdo de quienes las han presenciado. Este tipo de toreo tiene dos vertientes; la de los toreros largos y buenos lidiadores y la de los toreros artistas que transmiten emociones distintas también inolvidables. Lagartijo, Guerrita, Gallito, Marcial Lalanda en tiempos pasados y ahora Ponce y El Juli son representativos de los primeros y Pepe Luis Vázquez, Pepín, Manolo González, Antonio Ordóñez anteriormente y hoy Morante de la Puebla y Manzanares son verdaderos arquetipos entre los segundos.
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Los caminos del toreo
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