Lo advertía la semana pasada y el cáncer del monoencaste se llevó por delante un buen número de tardes anodinas, descafeinadas, insoportables, soporíferas y sumamente dañinas para el ánimo de los clientes que de seguir así van a ser menos cada vez.
Aquí hay dos asignaturas pendientes y urgentes. Una, bajar los precios. Y dos, subir la casta de los toros. Lo primero urge: más vale bajar precios que acumular cementos. Lo segundo es irreversible: o salimos del monoencaste y buscamos (como hacen los franceses) la máxima pluralidad o caemos en el pantano de la rutina.
Lea el artículo completo en su Revista APLAUSOS
Acceda a la versión completa del contenido
Los que suben al podio
"Para la recuperación de la fractura me dijeron que de 4 a 6 semanas. Llevo…
De San Blas a San José, las primeras ferias de la temporada lucen diferentes y…
El cohete que advierte del inicio del encierro ha corrido a cargo de Tomás Páramo.…
Un coso al que regresaron los toros por todo lo alto tras varios años de…
La capital charra ha vuelto a rendir honores un año más al maestro con la…
Ambas localidades cierran sus tradicionales carteles de abril