Lo advertía la semana pasada y el cáncer del monoencaste se llevó por delante un buen número de tardes anodinas, descafeinadas, insoportables, soporíferas y sumamente dañinas para el ánimo de los clientes que de seguir así van a ser menos cada vez.
Aquí hay dos asignaturas pendientes y urgentes. Una, bajar los precios. Y dos, subir la casta de los toros. Lo primero urge: más vale bajar precios que acumular cementos. Lo segundo es irreversible: o salimos del monoencaste y buscamos (como hacen los franceses) la máxima pluralidad o caemos en el pantano de la rutina.
Lea el artículo completo en su Revista APLAUSOS
Acceda a la versión completa del contenido
Los que suben al podio
El trofeo de la novillada de la Romería, que tenía un acento cien por cien…
Dos orejas para el novillero aragonés que destacó por su clasicismo frente a una buena…
Morante, Roca Rey, Castella, Manzanares, Talavante y Diego Ventura se darán cita en el Coliseo…
Granadino y sevillano compartieron salida a hombros en una tarde que acabó el papel después…
Los toros de Victorino Martín junto a la terna formada por Morenito de Aranda, Fernando Adrián…
El valenciano desoreja con rotundidad al encastado "Gallarete" al que, además, receta una gran estocada…