Hacía tiempo que no se vivía un encierro con semejante dosis de emoción, de la de verdad, de la que encoge el corazón y mantiene la mirada fija en el asfalto. La ganadería de Álvaro Núñez ha protagonizado, en su segundo año en Pamplona, una carrera de las que crean afición, marcada por una velocidad endiablada de salida, momentos de altísimo riesgo y una ruptura total de la manada en la curva de Estafeta que ha cambiado por completo el guion de la mañana. Todo ello, ante una masificación ya propia de las vísperas del fin de semana, con una cantidad de corredores que hacía prácticamente imposible encontrar un metro limpio para correr.
La tensión se palpaba desde el mismo instante en que se abrió el portón. Un toro de Álvaro Núñez ha salido con una marcha más, adelantándose a sus hermanos y barriendo la cuesta de Santo Domingo a una velocidad vertiginosa. El empuje de los toros era tal que, antes de alcanzar la plaza de Mercaderes, tres astados ya se habían colocado por delante de los bueyes. En un comportamiento poco habitual y de muchísimo peligro, los seis toros han tomado el mando absoluto del grupo, corriendo por delante de los cabestros y guiando la carrera a un ritmo frenético.
El punto de inflexión ha llegado en el tramo más emblemático de la carrera. La velocidad a la que el grupo ha enfilado la curva de Estafeta ha provocado que los astados se estrellaran con violencia contra la pared. El golpe ha fracturado la manada en dos mitades bien diferenciadas: por delante han quedado dos toros -uno negro y otro colorado- acompañados por un único cabestro, abriendo una distancia considerable con respecto al resto de sus hermanos.
Al dividirse el grupo y estirarse la carrera, se han abierto los ansiados huecos que permitieron a los corredores ponerse frente a las astas, un auténtico milagro dada la tremenda masificación de la jornada, que ha dejado numerosas caídas y montoneras a lo largo de todo el recorrido. En el tramo de Telefónica un toro ha quedado rezagado tras caerse, creando momentos de tensión, aunque afortunadamente la nobleza de los cabestros escuderos ha evitado que se volviera o quedara completamente desorientado.
Un encierro peligroso, de los de antes, que deja la adrenalina por las nubes en Pamplona y que sirve como el mejor prólogo para la tarde. Morante de la Puebla, Borja Jiménez y Pablo Aguado serán los encargados de estoquearlos a partir de las 18:30 horas.
El peligroso encierro se ha saldado finalmente con un balance de nueve asistencias médicas en el recorrido y cinco traslados a centros hospitalarios. Todas las atenciones corresponden a contusiones y traumatismos, confirmándose que no se ha registrado ninguna herida por asta de toro.
