CORRIDA DE SAN FERNANDO

Morante y Aguado, una oda a la belleza del toreo en Aranjuez

José Ignacio Galcerá
domingo 31 de mayo de 2026
Apoteósica tarde de toros: Pablo -un rabo- lo borda con una actuación completa con capote, banderillas y una exquisita faena de muleta, y José Antonio, tres orejas, con dos faenas espléndidas; llenazo de "No hay billetes"

A las 19:14 asomó el primer toro de Núñez del Cuvillo. Y a esa hora todavía entraba gente. Un llenazo histórico. Restaurantes llenos, expectación en las calles y el cartel de "No hay billetes" colgado desde hacía un mes. Y como quien no quiere la cosa, con el público todavía acomodándose, Morante se abrió de capa, dos lances con las muñecas sueltas por aquí y una media por allá para dejar el toro en el caballo. Y luego la sutileza de una faena templadísima a un toro que tuvo el poder justo y el celo preciso. Morante hizo una exhibición de lo que es torear con los vuelos. Enganchado y traído el toro a la altura justa, hasta donde podía el cuvillo. Una postrera serie al natural, de tres ligados, fue sencillamente perfecta. La faena contó con las gotas de improvisación propias, ninguna tanda la abrió igual -ayudado por alto en una, el molinete en otra, el cambio de mano en la siguiente...-. Le recetó un estoconazo, canónica la ejecución. Paseó la primera oreja de la tarde. La vuelta al ruedo con la oreja duró más que la faena.

Roca Rey remató en la boca de riego con una preciosa media un cadencioso saludo a la verónica y por delantales. Picado en el caballo que guardaba la puerta, se llevó el toro un quite del peruano -muy quieto- por gaoneras. Apoyándose sobre las manos, la casta por debajo de los mínimos, no tuvo contrincante Roca Rey. Lo despachó de una estocada entera.

Le costó fijarse al tercero y cuando lo hizo, Pablo Aguado se recreó en el toreo a compás a la verónica. La armonía en tres lances soberbios. En el quite, las chicuelinas airosas, se tropezó en la tercera y se hizo él mismo el quite, y, ya en pie, arrebatado, una media monumental que duró una eternidad. Crecido el sevillano, desatado, cogió las banderillas y formó un alboroto. Dos pares cuarteando uno por cada pitón cuadrando en la cara y un tercero al quiebro que no salió como se esperaba pero para ese momento ya casi que daba hasta igual. El tercio tuvo además la intervención justa de Morante. Tras el segundo par, salió al quite que recordó al del famoso vaso en Las Ventas. Esta vez, con medio capotillo en un recorte tan discreto como eficaz. La faena la inició de rodillas con pasíón desbordada, la que desató después en una faena extraordinaria. Ese prólogo fue para guardar en la memoria. Una trincherilla ceñidísima, muy toreada, desencadenó un natural soberbio por lento e interminable. La faena fue pura caricia, muy templada, cadenciosa, asentadas las zapatillas, todo ligado con el ritmo del toreo despacioso. Superior Aguado. El toreo de seda. ¡Qué belleza! Todo, además, estuvo aderezado por los golpes de sevillanía en los remates que hacían crecer las series. El mejor Aguado. Mató de una gran estocada. Tardó en doblar el toro, lo levantó el puntillero, pero el entusiasmo de lo vivido ya recorría la plaza entera. Se sentían los máximos trofeos, que paseó el sevillano. Al buen toro de Cuvillo se le dio la vuelta al ruedo.

Cuando sintió Morante fijado al cuarto, se estiró en verónicas a cada cual mejor. El embroque perfecto, empapado en los vuelos el toro. Brindó a doña Elena de Borbón. Actuación soberbia del sevillano. De las de paladear a sorbos pequeños. El toro de Cuvillo tuvo ritmo por el pitón derecho y Morante bordó el toreo reunido, asentado, más que asentado enterradas las zapatillas, giraba el genio únicamente talones y cintura, y acompañaba el pecho, descargado. Todo el cuerpo torea en Morante. Abundantes las series en redondo. Por el pitón izquierdo había menos ritmo, pero se lo dio Morante con el natural enganchado y rematado atrás. Espléndido. La faena, acompasada al ritmo de la música, fue una gozada. Quedaban en la obra dos detalles mayores más: dos pases de pecho con la izquierda que fueron para que su amigo Lagares les hiciera una escultura. O un poema, o una pintura... lo que sea. Ahí cayeron ya sombreros al ruedo. Y sonó el ya célebre cántico en su honor. En la suerte suprema, Morante, convertido ya en un gran estoqueador, no falló. Otro espadazo canónico. Dos orejas y una vuelta al ruedo eterna como su toreo.

Salió arreado Roca Rey en el quinto. Verónicas de rodillas. Del arrebato de hinojos pasó a un quite superior por su temple y la media a la cadera del remate. La apertura de rodillas en los medios clásica de su repertorio abrió una faena que cuando más llegó fue en lo alardes de valor del peruano en la corta distancia. En uno de ellos, a punto estuvo de llevárselo por delante. Quiso siempre Roca Rey pero pesó también el éxtasis provocado por Morante y Aguado minutos antes.

El acapachado sexto fue protestado por su conformación de pitones. Iván García, otra tarde más, lo bordó con los palos. Le faltó entrega a este cuvillo. Y ritmo, pero Aguado se lo dio en media docena de naturales que contaron por el trazo templado en una faena empeñosa en la que buscó redondear su gran tarde. Lo mató de una buena estocada.

Aranjuez. Domingo 31 de mayo de 2026. Toros de Núñez del Cuvillo, bien presentados y de buen juego en conjunto. De gran clase el tercero, Ponderoso, número 106, negro mulato, de 510 kilos, nacido el 10/21, premiado con la vuelta al ruedo. Deslucido el segundo. Morante de la Puebla, oreja y dos orejas; Roca Rey, silencio y ovación con saludos tras aviso; y Pablo Aguado, dos orejas y rabo tras aviso, y ovación con saludos tras leve petición. Entrada: Lleno de "No hay billetes". Saludó Iván García tras banderillear al sexto.

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