Camino de las diez de la noche Jerez celebraba el reencuentro de Morante con el mejor Morante y le llevaba a los pies de la estatua de Rafael Paula en una especie de reencuentro simbólico de dos genios del toreo. Era una procesión multitudinaria al ritmo de las palmas por bulerías que en Jerez suenan con un compás inimitable. El de La Puebla, que en la reaparición no había tenido ni toros ni suerte, acabó inventándose en su segunda tarde dos toros que no eran toros de triunfo y amarrando esa clase de suerte que no viene, sino que se busca y solo encuentran los privilegiados.
Le acompañaba José María Manzanares que resistió en pie firme el huracán morantista con un toreo de cabeza y temple lidiador. No les pudo acompañar en tan glorioso viaje Juan Ortega, al que un inoportuno pinchazo previo a la estocada al sexto, le privó, maldito reglamento, de cortar la segunda oreja que le hubiese franqueado el viaje a los pies del Paula, que luce su eterna torería de fragua y sueños frente a la puerta grande del coso jerezano.
El festejo resumió a la perfección lo que siempre se entendió como una tarde de toros en Jerez, el que quiera otra cosa que vaya a Madrid o a Sevilla y puestos a viajar tampoco se pierdan Valencia, dicho como ejemplos personalísimos y diferentes de cómo se puede vivir el toreo. El hilo argumental arranca/arrancó antes de que salga el toro. Se notó desde la hora de llegar a la plaza. Liturgia intima en el patio de cuadrillas. Pulso por el bien vestir entre los maestros. Jerez como prolongación de Sevilla. De corinto y oro Morante, con renuncia a los tradicionales golpes de alamares en la pechera, camisa de las llamadas de cuatro botones (y otros tantos brillantes) y rizos verdes a juego con la pañoleta; de marino y oro viejo o quizás se le denomine cobre, sobre seda estampada, el singular terno de Manzanares que en Andalucía le hacen sentirse como en casa; y de purísima y oro el trianero Juan Ortega que compareció en el paseo envuelto en lujosa seda negra. Paseíllo con los tres maestros destocados en señal de respeto a los sones de la marcha real y al recuerdo de Joselito el Gallo, quien fue rey de los toreros de cuya muerte en Talavera se cumplían ciento seis años.
Ese Morante
Morante era el argumento principal de la tarde y de la feria. El hombre da motivos para ello, más que sobrados se puede decir que sobrenaturales. Los que pensábamos que en su vuelta programaría una temporada medida, de calculados y escasos contratos, lo que corresponde a un hombre que se asoma a los cincuenta y tiene el cuerpo (y la cabeza) muy castigados, nos equivocamos de pleno. Con Morante no hay quien acierte salvo que apuestes a lo imposible o la heroica. Artista y héroe a la vez, lo nunca visto. Cuatro tardes en Sevilla, a la vuelta del hospital dos en Jerez y le seguirán Aranjuez, Alicante, El Puerto… hasta Pamplona sin importarle el vocerío, ni el toro de Pamplona, ni siquiera la ideología de los tendidos de la solanera tan diferente por no decir opuesta a la suya. A estas alturas ha quedado blanco sobre negro que en el esportón de Morante no cabe la lógica ni la prudencia ni la normalidad. Claro que de otra manera no sería un genio ni siquiera el torero transversal en el que se ha convertido, que lo mismo apuesta a la épica bajo la bandera del arte, que se pasea con Abascal sin que se lo tengan en cuenta ni los jornaleros ni los del subsidio, ha conseguido ser el torero al que adoran los señores, los señoritos y los señorones (si es que todavía pervive esa clasificación) también los guiris y si me apuran hasta los lancheros. Y es que Morante es mucho Morante.
Lo volvió a hacer
Ayer lo volvió a hacer. A su primero lo lanceó de salida con ritmo dormido, le galleó por rogerinas y le hizo quite por bonitos delantales. La faena, sin colaboración del toro, tuvo los retazos propios del maestro que todavía no había soltado a volar los hados. Lo grande llegó en el cuarto. Toro/tora manso, cobardón y huidizo, al que el propio matador calificó de borrico en una captura de los micrófonos de Canal Sur que retransmitía el festejo. Logró retenerle en su empeño de abortar la obra de su lidiador. No lo logró. Era un valiente contra un cobarde que felizmente acabó imantado en los engaños del maestro. Arrancó la faena agarrado a la contera de la barrera, seguidamente le buscó las vueltas, le tapaba las escapadas, le salía al encuentro de su querencia, siempre en la compostura singular de su estilo, vale decir de su inimitable tauromaquia, al compás de las bulerías que para entonces se había adueñado de la plaza. Y lo más grande: le acabó convenciendo, sujetándolo, para torearle más que reunido, arrebujado, con la plaza en pie, artista y mandón, creativo y chisposo, con un dominio de la escena total. Lo pinchó antes de cobrar una buena estocada y le concedieron dos orejas que a muchos les pareció poco.
Manzanares y Ortega
Es difícil torear tras una tarde inspirada del de La Puebla. Manzanares y Ortega resistieron el huracán y hasta se subieron a la buena ola. Josemari toreó a su primero con una templanza capotera que le permitió transitar con felicidad del morantismo al manzanarismo. Otra cultura, otra tierra, otro toreo y no precisamente malo. La faena tuvo estructura lidiadora y fue de menos a más para acabar con nivel de torero importante al que está obligado por su apellido. Lo remató de una gran estocada y le pidieron con fuerza la segunda oreja. En su segundo mantuvo la disposición y acabó cortando la oreja que le habían negado y que le permitía acompañar a Morante en la procesión final.
"Ortega tras una excelente faena se cierra la puerta grande con la espada"
No había tenido suerte Ortega en su primero, ni tampoco toro. Dio la sensación de que le podía el ambiente y se desquitó en el cierraplaza al que toreó de capa de forma extraordinaria y personal. Muy reunido, con perfecto juego de brazos e inspiración en los remates. El toro, el mejor de la tarde, le permitió cuajar una faena de mucha categoría, en la línea y nivel que le rescató del anonimato y que a veces parece perder. Luego vino el maldito pinchazo, la segunda oreja que le negó el presidente y la pena de irse a pie en tan señalada efeméride. Decir para acabar que todo eso sucedió sin apenas toros. El porcentaje mayor de responsabilidad en el triunfo fue cosa de Morante y cía.
BREVES
Bocairent, Victorinos como atractivo base
La plaza de Bocairent será el escenario el próximo 23 de mayo de un interesante cartel bajo el argumento principal de los toros de Victorino Martín. La terna de valientes la componen Rubén Pinar, Román y Álvaro Lorenzo. Se trata de la tercera edición que la empresa de los hermanos Martí organizan bajo el título de “Corrida Sorollana”. El festejo comenzará a las 18:30 horas. Las dimensiones reducidas del ruedo y el comportamiento encastado de los toros de esta divisa unido al estilo arrestoso de los espadas le dan especial interés al festejo.
Ateneo: Manzanares en el curso de cirugía
José María Manzanares pronunciará la conferencia clausura del curso de asistencia médico-quirúrgica a los heridos por asta de toro, que tendrá lugar en el Ateneo Mercantil el jueves 28 de mayo. El acto, entrada libre, comenzará a las cinco de la tarde, presentado por Vicente Sobrino. Organiza la Sociedad Española de Cirugía Taurina. Se trata de un curso ya consolidado en el calendario científico, que arrancó impulsado por los doctores Fernando Carbonell y Luis Sabater, que llegó para cubrir la falta de especialización en las cornadas de los toreros.
Figuras: Ondara cierra los carteles de verano
La empresa de la plaza de toros de Ondara, coso conocido como la Joya Levantina, ha anunciado los carteles de los festejos de su temporada de verano. Sábado, 1 de agosto: Toros de Núñez de Tarifa para Sebastián Castella, José María Manzanares y Borja Jiménez. Sábado, 8 de agosto: Toros de Soto de la Fuente para Andy Cartagena, Guillermo Hermoso de Mendoza y Lea Vicens. La noticia supone consolidar la recuperación de una plaza que reabrió sus puertas el curso pasado para festejos mayores tras más de una década secuestrada por los prejuicios anti.

