Hay que reconquistar al público que tanto despreciamos. No hacerlo supondría la peor de las ILP...
El fin de semana anduve de retransmisión. Desde Vinaròs Canal 9 ofrecía en directo una corrida de toros con interés. El Cid, Tejela y el local Valls con toros de Fuente Ymbro. La noticia más allá de la buena clase de los toros y la altura que dio El Cid, estuvo en la poca gente que hubo en las gradas. Muy poca. Tan poca que se piensa en echarle ya el cerrojo a la temporada de verano.
No era un caso aislado y ahí es donde duele. A los círculos que formábamos los profesionales llegaban noticias parecidas desde otras plazas, entre ellas El Puerto, de tanta fama taurina, Vitoria, Barcelona… y otras muchas. Ojo pues. Los profesionales y aficionados a los toros no debemos perderle la cara a ese toro de la deserción. Preocupados como estamos de los ataques oficiales, como los de Barcelona o con el posicionamiento de disimulo general y abstención de la administración central, nos estamos olvidando del auténtico peligro, el de la falta de gente en la plaza. Eso sí sería grave. O mejor dicho, eso es mucho más grave, la peor de las ILP. Sin público en los tendidos no hacen falta los políticos catalanes para cargarse el toreo. Es exactamente lo que ha pasado allí. Así que al toreo, como ya he escrito en alguna ocasión, le toca reinventarse, reorganizarse, unirse… justo todo aquello que no hizo nunca. Eso o le ponemos un rip.
Por cierto, tanto despreciar al público, ya saben ustedes, todos, los que nos ha gustado en el toreo diferenciar al público general de los aficionados, la gran categoría que se le ha reconocido proverbialmente a los aficionados, y no siempre con razón -tengan en cuenta que muchos se ponían y se ponen ellos mismos la medalla de aficionado-, y el desprecio tan absoluto que le dedicamos tradicionalmente al público y ahora resulta, nos damos cuenta, que sin público general no puede haber fiesta de los toros. Y no sé si estaremos a tiempo de rectificar y/o reconquistarlos. Si no fuese así supondría poco menos que morir mirándose el ombligo.
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Morir mirándose el ombligo
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