El toreo se gana o se pierde lejos de los públicos. El toreo comienza a ganarse o perderse en el día a día, en los entrenos, en la búsqueda de fondo, en la soledad. El éxito o el fracaso del torero comienza mucho antes de un paseíllo, muchos días y casi años antes de que se abra el telón y se enciendan los focos tras sonar los clarines. Entonces sólo es una suma de azar, de actitud, de encaje. El torero sale en hombros cuando comienza a caminar pisando la arena convencido de quién es, que sabe, que puede, que siente. Luego, sale o no sale, se cumple el azar o no. Porque, al revés jamás sucede: nadie no convencido de quién es y de qué siente jamás saldrá en hombros de una plaza.
Lea AQUÍ el artículo completo en su Revista APLAUSOS Nº 1963
El recortador Jonathan Estébanez “El Peta” ha sido herido de gravedad en el concurso de…
"Para la recuperación de la fractura me dijeron que de 4 a 6 semanas. Llevo…
De San Blas a San José, las primeras ferias de la temporada lucen diferentes y…
El cohete que advierte del inicio del encierro ha corrido a cargo de Tomás Páramo.…
Un coso al que regresaron los toros por todo lo alto tras varios años de…
La capital charra ha vuelto a rendir honores un año más al maestro con la…