BENLLOCH EN LAS PROVINCIAS

Nek Romero hizo el toreo bueno

José Luis Benlloch
domingo 12 de mayo de 2024
El de Algemesí e Ismael Martín cortaron oreja

Bien está lo que bien acaba y Nek, argumento principal en tarde de vísperas (de la patrona) acabó toreando francamente bien al cierraplaza. Con templanza y son. Con ese punto de calidad diferencial que hace pensar que en él hay torero caro. También es cierto que la tarde pudo estar mejor. Había ambiente y novillos para más y esas circunstancias no hay que dejarlas escapar. Por lo clásico, por lo tremendista, por narices, por sentimientos, por bemoles… por lo difícil que están los ascensos en la profesión, ocasiones así, con novillos así y en plaza de tanta categoría, hay que amarrarlas para ganarse un futuro que de siempre exigió mayores logros. Manolo Caballero apuntó cosas de la casa y de la tierra, pero sus trasteos no acabaron de levantar el vuelo e Ismael Martín apostó a novillero y su toreo surgió bullicioso y desigual, con momentos interesantes y otros en los que caía víctima de sus ansias y todo se emborronaba.

Hubo cinco novillos de José Cruz con clase y templanza para hacerles el toreo caro. No acabaron de tener suerte, los toros también precisan de suerte y los chicos llevados de sus ansias les agobiaron, se olvidaron de que el toreo bueno depende de entre otras cuestiones de la métrica, que cada toro tiene su distancia, su altura y su geometría, de tal manera que si a los que traen buenas intenciones y clase les atacas en exceso, acaban rebelándose y negándose. Y eso es lo que pasó en los cinco buenos que soltó el ganadero vasco. El otro, el novillo que hizo tercero, colorado, precioso, apretado de carnes, de morro chato y bonita encornadura, se contradijo así mismo y embistió poco, feo y sin clase para desilusión del paisanaje que había acudido a ver a Nek.

Buen ambiente en la plaza y excelentes novillos de José Cruz

Lo mejor de la tarde llegó al final. Nek que había quedado inédito en ese deslucido tercero, se sobrepuso al contratiempo, creyó en él mismo y le salió toreando de rodillas en los medios al sexto, que sin ser el mejor embistió con nobleza. Pedía templanza y se la dio. Un toque de más, una leve violencia hubiese descompuesto todo, pero el de Algemesí le esperó, le dio los tiempos justos, desterró las prisas, creyó y la faena fue a más. Fue como si se hubiese inhibido de la tensión que genera la necesidad de triunfo y el trasteo fue creciendo y creciendo. El toreo con la derecha libre de la espada, rebuscando en su interior lo que quiere hacer, fue de altos vuelos. Elegante en el ademán, con una templanza personal impropia en novillero con necesidad de triunfo, fue buscando la excelencia y la fue encontrando. Un pase de pecho final muy redondo, muy templado, muy, muy dormido, levantó un clamor. Quizás el conjunto resultase un poco premioso, pero lo que pudo ser defecto acabó en virtud, eran justo los tiempos que pedía el novillo. Al igual que el epilogo de la faena que en teoría se antojaba excesivo y acabó siendo la guinda perfecta con unas luquecinas que tuvieron categoría del toreo bueno que va más allá del adorno. Mató de un pinchazo y una estocada y cortó una justa oreja.

El primer novillo blandeó de salida, parecía condenado a corrales, pero aguantó el presidente con buen criterio y acabó siendo un excelente colaborador. Caballero le aplicó toreo de mano baja y trazo largo. No le ayudaron las rachas de viento que le dificultaron las posibilidades de redondear la faena. Volvió a repetir la buena predisposición y los apuntes de toreo interesante sin que alcanzase a redondear faena al buen cuarto.

Ismael Martín estuvo muy decidido, lo que cabe exigirle a un novillero. Su primero, castaño de capa, tuvo espectacular salida, vibrante y codicioso, Ismael le plantó cara muy dispuesto, muy novillero en los lances a la verónica y sobre todo la media final tuvo mucha categoría, le hizo un quite por chicuelinas de compás abierto, de nuevo abrochada con media excelente al que correspondió Nek con espectacular quite por tafalleras. Ismael banderilleó con desigual fortuna y poco lucimiento. Arrancó con aire antiguos, banderazos para aquí para allá y de pronto le redondeó un muletazo por abajo que descubrió la calidad del novillo, pero no lo vio. Se puso demasiado cerca, se amontonó todo y la faena fue un sube y baja y acabó perdiendo calidad, solamente justificable por las ganas y las ansias novilleriles. Mal con la espada. El quinto fue otro novillo excelente, colorado de mucha nobleza y de nuevo el empeño del torero de ponerse muy encima impidió mayores logros. Cortó una oreja, más fruto de su buena disposición que del buen toreo.

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