La revolera

Hay que esperar

Paco Mora
miércoles 13 de marzo de 2013

Estamos comenzando a recoger en la Fiesta de los Toros el fruto de la crisis económica del país. Se dan muy pocas novilladas, debido a que la voracidad fiscal las está haciendo casi imposibles...

Estamos comenzando a recoger en la fiesta de los toros el fruto de la crisis económica del país. Se dan muy pocas novilladas, debido a que la voracidad fiscal las está haciendo casi imposibles de defender. Y ello lleva como consecuencia que los novilleros se vean obligados a aceptar retos en plazas de primera, que en circunstancias normales no los acometerían antes de llevar quince o veinte novilladas con picadores encima. Hoy, en la segunda de Fallas en Valencia, ese ha sido el caso del extremeño José Garrido y del sevillano Lama de Góngora. De la terna de novilleros actuantes sólo al paisano de Espartaco, Javier Jiménez, se le ha visto placeado y bien se ha notado la diferencia. Pero de eso, los dos alevines de torero no tienen culpa alguna. Por ello conviene que la afición y las empresas no dicten veredictos firmes sobre sus respectivos futuros, hasta que el oficio les permita desarrollar todas o parte de sus posibilidades. De momento, de Garrido sólo cabe decir que es valiente y en el sitio en que se ponen los valientes ha intentado justificarse en su segunda novillada con los del castoreño.

Caso parecido, aunque merecedor de punto y aparte, es el del joven Lama de Góngora. Y ello porque, pese a que apenas acaba de sacar la cabeza de las trincheras de las becerradas sin caballos, tiene algo innato que ni se aprende así como a sí ni lo venden en Carrefour: Personalidad, sello y, lo que viene a redondear el merecimiento de la apertura de un crédito sobre su futuro; esa sandunga de los toreros sevillanos que con la vitola de tales han pasado a la historia del toro. Los novillos de El Parralejo no les han ayudado tampoco demasiado, pero los dos, el de la tierra extrema y dura y el de la de María Santísima, con más rodaje les hubieran sacado otro rendimiento. Así es que a esperar, y a no dejarse llevar por la rotundidad a la hora de las calificaciones. A nuevos tiempos, nuevos modos. Y mejor talante.

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