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VALENCIA.- FERIA DE FALLAS

López Simón indulta a Pasmoso y El Juli cuaja una tarde de las que se recuerdan

El de Barajas, premiado con dos orejas simbólicas, a hombros junto al madrileño, que pasea tres tras una nueva exhibición de magisterio, y el mayoral de Domingo Hernández

Fotos: ARJONA

Alberto López Simón indultó al sexto toro en Valencia. El animal, de nombre "Pasmoso" y de pelo colorado, derribó a Ángel Rivas en el tercio de varas, pero apenas recibió castigo en el caballo. Animosamente recibido de salida con el capote por López Simón, arrancó el madrileño con cambiados por la espalda en el centro del platillo. El toro, sin terminar de humillar, sí resultó pronto, codicioso, alegre, repetidor y embistió con recorrido y transmisión. La labor de Simón desató la locura. Se metió al público en el bolsillo en las primeras series sobre la mano diestra, ejecutadas con verticalidad y bien ligadas. Lució también al natural el torero que, cuando se fue a por la espada, se percató de que arrancaba una petición de indulto para "Pasmoso" que no dejó de ir in crescendo. Tras unas manoletinas y varios amagos de montar la espada por parte del diestro, el presidente accedió a sacar el pañuelo naranja entre la euforia general. Simón fue premiado con dos orejas simbólicas.

Al tercero, justo de fuerzas, apenas se le picó. Mostró calidad y buena clase en los primeros tercios y su matador, Alberto López Simón, percatado de ello, arrancó con una serie de derechazos de rodillas junto al tercio. Ese inició calentó a la parroquia. A continuación llegó una labor abundante, en la que no siempre hubo acople pero, sin embargo, sí buena conexión con los tendidos. Hubo plena disposición por parte del torero de Barajas y efectismos de todo tipo a lo largo de su faena. Marró con los aceros.

TRES OREJAS PARA EL JULI Y UNA SORPRESIVA VUELTA AL RUEDO

El Juli cortó una oreja del primero, un toro de Garcigrande que humilló y se prestó al lucimiento a pesar de un incómodo gazapeó que el madrileño, a base de perder pasos, supo corregir. Embistió un punto dormido el animal, pero el matador logró fijarlo a base de toques mandones. Julián, que dejó una templada media en el saludo capotero, arrancó con muletazos rodilla en tierra muy toreros. Enorme el muletazo del desdén con el que concluyó ese prólogo de la faena. Luego, lució especialmente en las series interpretadas sobre la mano derecha, corriendo bien la mano y ligando los muletazos sin solución de continuidad. Por el pitón izquierdo el toro tomó el engaño con menos clase. Mató de una estocada entera algo trasera y desprendida y paseó el trofeo.

Dos trofeos más cosechó El Juli del cuarto, sorpresivamente premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre. El animal, muy andarín, tuvo nobleza y embistió por momentos con cierto ritmo, también con humillación, pero, sobre todo, tuvo la suerte de caer en las manos de todo un privilegiado como El Juli. Lo mejor de su labor, sobresaliente a nivel técnico, llegó manejando la mano zurda. Hubo naturales sueltos de sobresaliente largura y profundidad. Aderezó todo con redondos y recursos varios, ejecutados con la consabida seguridad del espada madrileño. Dominó la escena y le buscó las vueltas al toro en todo momento. Mató de una estocada entera y un certero golpe de descabello.

Talavante mostró ante el segundo dos versiones distintas de su toreo: una primera más clásica y ortodoxa y otra, ya al final, más tremendista. Hubo temple y cadencia en las verónicas iniciales. También un inicio de faena original, con naturales en los medios flexionando la pierna. Otra serie sobre la mano zurda, ya recuperada la vertical, tuvo enjundia. Luego, fue alternando las series por los dos pitones y el conjunto fue diluyéndose conforme el animal, falto de raza, fue viniéndose abajo. El de Domingo Hernández, serio, tuvo nobleza, pero acabó saliendo desentendido de las suertes. En terrenos de cercanías, Talavante calentó de nuevo al personal con luquecinas, pasándose los pitones por los muslos sin inmutarse. Remató con un desplante arrojando la muleta. No mató bien.

El quinto tuvo movilidad, pero embistió rebrincado y soltando la cara. Firme de plantas, perfectamente colocado y con mucha pureza, Talavante trató de ir puliendo los defectos del toro exhibiendo en todo momento máxima serenidad. Ni se inmutó el extremeño con varios pitonazos que sufrió a lo largo de la faena de muleta. Labor de mérito, en la que se pasó muy cerca al toro, haciendo alarde de un valor notable. Se desplantó con torería en los compases finales, arrojando de nuevo la muleta, pero pinchó en varias ocasiones, perdiendo la oportunidad de tocar pelo.

Valencia, domingo 19 de marzo de 2017. Toros de Garcigrande (1º y 5º) y Domingo Hernández. El 4º, "Malagueño", nº 21, castaño bocidorado, de 530 kilos y nacido en 12/12, fue premiado sorpresivamente con la vuelta al ruedo en el arrastre; y el 6º, "Pasmoso", nº 111, colorado ojo de perdiz, de 532 kilos y nacido en 12/12. El Juli, oreja y dos orejas; Alejandro Talavante, ovación con saludos y silencio; López Simón, silencio y dos orejas simbólicas. Entrada: Casi lleno.

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