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La Revolera

Corrida con mal fario

El sexto espectáculo de San Fermín ha estado marcado por el mal fario de la lesión en el hombro de Roca Rey. El peruano que en el tercero de la tarde, el más bonito y manejable del encierro de Jandilla y Vegahermosa, había conseguido entusiasmar al público que abarrotaba la plaza, ha sufrido un auténtico quinario con los aceros, perdiendo toda posibilidad de que el triunfo se materializara en trofeos. El gesto de dolor y de impotencia del torero lo decía todo. El manejo del descabello, imposible por no ser posible, como decía Conde, el mozo de espadas de Ignacio Sánchez Mejías.

En fin, un quinario para el joven torero que es ídolo de Pamplona y de muchas otras plazas de España y América, que demasiado ha hecho con aguantar en el ruedo pese al evidente dolor que lo atenazaba. Con el capote y la muleta ha ofrecido en su primer toro un recital de entrega, valor y buena colocación, pero a la hora de la verdad el sufrimiento se hacía evidente en su rostro. No obstante el público pamplonica lo ha despedido con una ovación, dando un ejemplo de comprensión.

Castella ha cortado la oreja a su segundo, un buen toro pero insulso en sus embestidas, lo que ha obligado al torero galo a ponerlo él casi todo. El estoconazo ha sido definitivo y ya es sabido que en la plaza de la capital de Navarra el espadazo se suele traducir en una oreja. El de Béziers goza del aprecio de la afición pamplonica y ha cosechado aplausos durante toda la tarde.

El clasicismo enclasado de Diego Urdiales ha sido respetado y aplaudido, pero lo cierto es que ninguno de sus toros ha colaborado demasiado con el de Arnedo. Corrida insulsa y aburrida, en fin, la lidiada con los hierros de Jandilla y Vegahermosa, en la que, excepto en el tercero, lo han tenido que poner casi todo los toreros. La gran pregunta que ha quedado en el aire de la tarde es si el peruano podrá hacer el paseíllo pasado mañana, que está anunciada su segunda comparecencia en el San Fermín de este año.