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LAS VENTAS

La calidad de Juan Ortega salva el día de La Paloma en Madrid

El sevillano firma una faena de muchos quilates malograda con el descabello

jueves 15 de agosto de 2019, 19:08h

Acapachado, muy serio, hondo y largo fue el tercero de la tarde. Quiso embeberlo en el capote Juan Ortega desde los primeros lances, echando lo vuelos hacia delante. Cuando se asentó para lancear a la verónica perdió las manos el toro. Aun así firmó capotazos preciosos y una media extraordinaria. Lo cuidaron en los tercios sucesivos. La torería nació en el soberbio inicio de faena: un doblón, unos trincherazos ligados con derechazos. La embestida acompañada, el pulso en sus muñecas. Sobre la mano derecha hubo detalles, al natural fue cuando se rompió Madrid. De uno en uno, de cadera a cadera. Muy despacio todo. Un pase de pecho colosal remató la tanda. Las gotas de calidad iluminaron una faena condicionada por el escaso poder del toro. Las formas de Ortega calaron y habrían sido premiadas con una oreja de no atascarse con el descabello.

Cerró la tarde un toro con mejor hechura de Martín Lorca. Probón desde salida. Juan Ortega trató de torear despacio con el capote pero el toro nunca la tomó con franqueza. No mejoró su condición en la buena brega de Jorge Fuentes. Se dobló con torería el sevillano antes de ponerse sobre la mano derecha. El toro se quedó corto, en la cintura, y no pudo hacer más que machetearlo. Áspero y desagradecido al buen trato de Ortega. Se atascó con los aceros.

DETALLES DE ROBLEÑO

El imponente primero que inauguró la tarde de la Virgen de la Paloma en Madrid lució el hierro de Escribano Martín. La amplia cara, la morfología cuesta arriba. Robleño había saludado una ovación al romper el paseíllo. El toro apuntó escasa fuerza defendiéndose desde el principio. La buena voluntad de Robleño no pudo arreglar la falta de raza del oponente. Algún derechazo suelto tuvo torera verticalidad. Lo cazó en una estocada corta y saludó una ovación.

El cuarto fue un armario. Los casi 700 kilos que la báscula marcó se repartían en su honda y cuajada hechura. Sin cuello, con los pitones colocados. Fernando Robleño lo trajinó con el capote ganándole la cara, muy inteligente hasta lograr verónicas limpias, ya en los medios. Apuntó buena condición el toro pese a la brusquedad de su arrancada. Robleño planteó el inició a media altura. Lo agradeció el toro. En una tanda sobre la mano derecha hubo entendimiento. Después se diluyó la faena sin tomar vuelo. El toro, bruto y complejo, tuvo más tela que la que se le cortó. Silencio.

Tras devolverse el segundo toro de Martín Lorca apareció el anunciado como quinto del hierro titular. Más fino y bajo, hondo y tocado arriba de pitones. Se quedó por debajo en las verónicas bien dibujadas por Sebastián Ritter. Brindó su labor a Máximo García Padrós, que le atendió en San Isidro de una grave cornada. Cuidó la colocación durante una faena condicionada por la falta de celo y transmisión del toro. El exigente inicio genuflexo tampoco ayudó. Pinchó antes de dejar una estocada fulminante.

En quinto lugar apareció el sobrero de Herederos de José Luis Osborne. Astifino desde la cepa, cornipaso, grandón. Colocó su aparatosa cara sin demasiada entrega pero humillando. El toro desarrolló nobleza aunque le faltó ritmo. La faena de Ritter fue larga aunque falta de transmisión. Pinchó varias veces antes de un descabello certero.

Madrid. Plaza de Las Ventas. Jueves, 15 de agosto de 2019. Toros de Martín Lorca y Escribano Martín (1º). Corrida demasiado pesada, grande, destartalada y fea. Desrazados en su conjunto. Fernando Robleño, ovación con saludos y silencio; Sebastián Ritter, silencio y silencio tras aviso; y Juan Ortega, ovación con saludos tras aviso y división de opiniones. Entrada: Un cuarto. Fernando Robleño fue obligado a saludar tras el paseíllo.