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DESDE CÁDIZ

Manolo Navarro.
Manolo Navarro.

Un ángel del toreo y un adiós doloroso

En estos tiempos tan dolorosos que nos ha tocado vivir, la muerte del maestro y decano de los matadores de toros Manolo Navarro nos ha llegado al alma. En Cádiz, donde actuó en la desaparecida plaza de toros, tenia vínculos familiares. Salvador Navarro, manchego como él y exportador de pescados, mantenía una estrecha relación. Gustaba pasar temporadas y en los últimos años vivió en Jerez.

Tuve el privilegio de conocerlo, compartir tertulias radiofónica y retransmitir corridas en El Puerto, en Radio Cádiz, donde me encargaba de la programación taurina. Fueron unos años inolvidable. Sus comentarios y opiniones magistrales constituían un caudal de experiencias que enriquecían su colaboración y amor por el toreo. Su perfil de persona respetuosa y servicial nos acercaba mas a su calidad humana. Nos hablaba de su amigo el maestro Ángel Luis Bienvenida, como bien ha señalado Paco Mora en su artículo de esta semana. De ese espíritu aventurero que ambos compartían. Siento su muerte y le agradezco el privilegio de haberle conocido y contar con su amistad y consejos.

Unos se fueron, pero otros se quedan para ayudarnos. Perdimos a un buen torero en la plaza, ganamos a un destacado profesional de la medicina de unos valores humanos fuera de toda duda que atesoro desde que se puso por primera vez el traje de luces. De padre médico, Ángel Estella siguió los pasos de su progenitor entregado a salvar vidas. En la dura trinchera del servicio de urgencias ha forjado su carrera. El maestro Rafael de Paula y servidor podemos dar fe, pues acompañé al maestro en varias ocasiones para que el doctor le reconociese su maltrecha rodilla.

Al doctor Ángel Estella, que supo encauzar su vida, no olvido su entrega, dedicación, sacrificios y solidaridad en beneficio de los demás. Un orgullo para cuantos amamos el toreo.