La página de Molés
Ávila. Sábado, 18 de julio de 2020.
Ávila. Sábado, 18 de julio de 2020.

O drama o milagro

Manolo Molés
miércoles 22 de julio de 2020

Lo que llamamos Fiesta se nos ha convertido ahora en un auténtico drama. Se agradecen los esfuerzos de algunos empresarios, toreros, ganaderos y afición para sembrar en el erial de esta temporada algunas flores que adornen la soledad taurina. Todos pensábamos que se iban a celebrar más corridas, sobre todo más ferias. Y la verdad es que por unos o por otros, el cántaro está vacío, las tardes son escasas. Yo le doy mérito y gracias a los que se atreven a montar una tarde de toros y a los que participan de luces y a los que desde el tendido iluminan esta realidad casi irreal.

Todo lo que dan: bienvenido sea. Pero el coronavirus está ahí, detrás de la esperanza y de las mascarillas y ahora los políticos que no fueron capaces de marcar los tiempos y la gravedad de este virus, son los que van a decir dónde podemos ir o a donde no. De momento, como lo han hecho tan mal ahora, dicen “cerradlo todo” y seguro que aciertan.

¿Dónde está el dolor y el apocalipsis de una fiesta que es capaz, yo creo que en ella, de elevarse sobre las cenizas de esta falla taurina que nos trae de cabeza? Y están cerrando las grandes ferias con dos meses de anticipación o más. Mal asunto. Y digan lo que digan de los diez o doce empresarios gordos que hay en la Fiesta, más de la mitad prefieren cerrar la tienda y ya te veo en mejores tiempos. Pero reconozco que serán los políticos los que, ahora asustados, cerrarán las ferias. Ya lo están haciendo. Las de agosto, las de septiembre y lo que quede. No pinta bien, pero me gustaría que las grandes plazas no se cierren si hay un rayo de normalidad. Las grandes empresas aceptarán el duro paréntesis. Pero a mí me gustaría que esperásemos, que a lo peor esto no hay quien lo arregle, pero a lo mejor, ¿por qué no?, la pandemia abre un rayo de esperanza. Simón y Rafael García Garrido intentarán que Las Ventas no cumpla un año en blanco. Y, si los cielos lo permiten, comprobar que esto no se ha acabado. Y lo espero de los empresarios de Madrid, y de Sevilla, si hay un rayo de respiro, y lo espero de una empresa con tanto peso taurino como es la de Bailleres. Por lo menos lo que se pueda ahí en todos los demás hasta Zaragoza, porque un año sin El Pilar sería un hueco irrellenable.

Yo tengo que dar mil gracias a los que me leen o me oyen o me ven, en las tres versiones del periodismo. Yo no tengo amigos y enemigos, tal y como se entiende esto. Yo tengo algo mejor: la amistad de muchos a los que algunas veces no puse bien y lo entendieron. Eso es amistad.

Yo le pido a los empresarios de Madrid, de Sevilla, de Valencia, de Bilbao, de todas las plazas de primera, que si hay posibilidad de dar algo bueno, de que la plaza no esté cerrada todo el año, lo hagan. Eso sí hace daño y es un chorro de agua fría al ánimo de los que pasan por taquilla. Por eso si los Lozano (esa plaza de segunda que han hecho de primera) no abandonan Albacete, si el dúo empresarial de Madrid nos abre Las Ventas en Otoño, si Ramón Valencia abre los duendes de la Maestranza, si la casa Bailleres nos deja saborear la historia de Bilbao o de San Sebastián, si llegamos con el virus medio vencido a Zaragoza, y el joven y maduro Zúñiga, nos permite despedir el año bajo la lona de la felicidad. Con eso, y con poco más, nos apañamos.

Y todos mis artículos tienen unas líneas dedicadas a la Francia taurina. Y no me defraudan. El nuevo Primer Ministro de Francia, Jean Castex, no ha dudado ni un segundo en decir algo que aquí veo pocos políticos de altura capaces de repetirlo. Dijo esto el galo: “Los toros son historia y cultura”. Seis palabras, con eso sobra y queda claro. Donde no hay toros no habrá toros, donde hay toros habrá toros. Gracias Monsieur. Se lo voy a mandar a unos cuantos políticos de este enredado país. Ok.

Si a más de todo lo anterior: deseos y sueños, las plazas de toros siguen cerradas como cárceles, daremos las gracias a los que se arremangaron y dieron toros en tiempos del virus y sentiremos en el alma de aficionados un vacío parecido a un divorcio porque el remedio ya no está en nuestras manos. Ni en la tuya ni en la mía.

Hay muchas piedras en el camino. Yo me he comprado una libreta de aquellas que teníamos en los tiempos del colegio para apuntar las alegrías y a los valientes y encogerme de hombros ante los que ni fu ni fa y pasaron de puntillas.

Y el dolor grande, y protesta justa en todo. La concentración de tantos actores necesarios y maltratados. Actores taurinos, gente buena y necesaria, gente sin la cual el espectáculo taurino sería un disparate. No piden lo que no les corresponde. Piden lo suyo, a lo que tienen derecho. Pedir debe ser siempre muy duro, muy jodido, pero pedir lo que es de justicia tiene que tener la recompensa de lo demandado. Que se solucione. Son muchos, tienen razón y en un año como este nadie les debe negar el apoyo. Y menos si es legal. El bueno, bravo y amigo Ruiz Miguel diría “ajolá se arregle, Manuel”. Y yo le respondería en su “idioma”: “Ajolá, maestro”.