A cuenta de que me tilden de negativo, no me resisto. El primer paso del toreo por el Congreso para aprobar la ILP fue una ocasión perdida para defender el toreo. Ganamos a la hora de contar los votos, menos mal, pero perdimos la batalla de los argumentos. Salimos como entramos, con los creyentes creyendo, con los anti más exultantes que nunca; ellos con el pulmón repleto de euforia después de aquel zafarrancho de sandeces y despropósitos con el que asaetaron al toreo y por ende a los amantes del toreo, nosotros con el oído castigado por lo que oímos y por lo que no oímos. Tristísima y pobre la defensa. Si hubo ilusiones renovadas las generó la gente a pie de calle, la decepción salió de la tribuna.
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