Por Ricardo Gallardo
Ofuscado. (Foto: Moratalla Barba)Ofuscado. (Foto: Moratalla Barba)

“Ofuscado” no podía fallar

Ricardo Gallardo
martes 06 de abril de 2010

Llegaba a Valencia con los mismos nervios de siempre, con los mismos miedos…

Llegaba a Valencia con los mismos nervios de siempre, con los mismos miedos… pero gracias a Dios me volví más satisfecho que nunca. Los miedos venían motivados porque no es fácil lidiar a principio de temporada, más este año, y porque en Valencia el listón de Fuente Ymbro estaba muy alto, no quería defraudar a una afición que tanto le ha dado a esta ganadería. Por contra, la satisfacción llegó tras ver embestir a la corrida como lo hizo, moviéndose, obediente, con la virtud de ir siempre a más durante su lidia.

 

Llegaba a Valencia con los mismos nervios de siempre, con los mismos miedos… pero gracias a Dios me volví más satisfecho que nunca. Los miedos venían motivados porque no es fácil lidiar a principio de temporada, más este año, y porque en Valencia el listón de Fuente Ymbro estaba muy alto, no quería defraudar a una afición que tanto le ha dado a esta ganadería. Por contra, la satisfacción llegó tras ver embestir a la corrida como lo hizo, moviéndose, obediente, con la virtud de ir siempre a más durante su lidia.

De los toros lidiados ese día les contaré una anécdota. Son incontables los ratos que yo había echado en el campo delante del primero de la tarde, “Ofuscado”. Lo dejamos el año pasado para cinqueño porque no se remataba como debía, pero sobre todo porque yo en su expresión siempre vi algo diferente y quería que se lidiara en plenitud. Sentía que por su mirada y su cara de bravo no podía fallar, me transmitía que lo que iba a hacer en la plaza iba a ser algo importante. Y no falló. Fue excelente y su embestida es la que siempre he soñado como ganadero. Eso sí, tampoco me olvido de la importancia del sexto sobre todo por el pitón derecho o de la bravura del segundo.

La novillada fue el gran broche de oro. Es curioso, pero de no ser por la tozudez de un presidente, hubiera lidiado doce animales de doce padres distintos en los dos festejos de Fallas. Al final fueron de once. La gran noticia para mí fue que en esa novillada se vieron por primera vez en la plaza productos sensacionales de cuatro sementales nuevos. Y con eso me quedo porque, en la ganadería como en la vida misma, es importantísimo aquello de renovarse o morir…

 

‘Cuaderno de Campo’ de otros ganaderos

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