Cómo echo de menos al toro bravo! Y no estoy pensando en el mastodonte zancudo, caballuno y con descomunal cornamenta, no. Me refiero al toro en el tipo zootécnico que corresponde a su encaste, de estampa bella y armónica, vareado, bien musculado, de patas fuertes y con movilidad. Toros como aquellos de mi primera época de aficionado, que se hacían los dueños del ruedo embistiendo a todo lo que se movía, y perseguían incluso a los papelillos que echan al ruedo los mozos de espadas para ver de dónde viene el aire.
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