"Como amigo soy imperfecto, como enemigo soy perfecto". Eso dicen que dijo Díaz Ordaz, el presidente más temido de la historia de México. Lo dijo un día de jarreo, reposado va y viene, al lado del buen humor. Menos mal. Me cuentan que lo peor no era lo que decía, que ya crujía al cielo, sino lo que mandaba hacer. Entonces el cielo era tan oscuro tronar que hasta los ángeles se iban de retiro al infierno. Mandar hacer. Mandar hacer es no hacer lo que se manda hacer. Perfecto. El que manda hacer no hace, pero hace hacer, que es lo mismo a efectos de consecuencias. Siempre fui de la opinión de que lo mejor de mandar es hacer. Por una razón evidente. Como uno mismo, nadie es capaz de hacer mejor lo que va a mandar hacer. No es un juego de palabras. Es filosofía, la derivada de los socráticos. Sócrates era Joselito El Gallo, pero con la mente.
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Perfectos enemigos
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