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Público raro, raro, raro...

¿Entienden ahora los toristas a ultranza por qué las figuras no hacen el gesto de ir a Madrid con las corridas denominadas duras? ¿Para qué, para que los traten como han tratado esta tarde a Castella? No, gracias, pensarán ellos. Y con toda razón.

Un sector de público de Las Ventas parecía dominado esta tarde por los malos mengues, sobre todo cuando toreaba Sebastián Castella. Protestas, pitos y murmullos de desaprobación pese a que el galo ha puesto de relieve una puesta a punto, un temple y una voluntad de triunfo encomiables. ¿Qué les ocurre a esos espectadores con Castella? Es de suponer que les molesta que se haya anunciado cuatro tardes en el serial isidril, aceptado incluso el envite de los “adolfos”, ganadería que no figura en el catálogo de los que pueden exigir. Por lo visto les irrita que sea figura del toreo, y que no esconda el bulto ni opte por la comodidad aunque le apodere la empresa de Las Ventas. Pero pese a la actitud de los susodichos, el torero de allende los Pirineos ha estado muy por encima de su lote, y ha merecido mejor trato.

Rafaelillo ha dado un curso de valor y técnica adecuada a los dos “galafates” que le han tocado en desgracia, sobre todo en el cuarto de la tarde. Mereció una oreja, pero puso en valor una apoteósica vuelta al ruedo. Disposición y valor a toda prueba ha sido el balance de Escribano, que, con sus “porta gayola” y sus banderillas al quiebro en el estribo, se la ha jugado poniéndole los pelos de punta al más pintado. Lo dicho, tarde rara, rara, porque para más “inri” el sector arriba referido ha vuelto a las andadas de querer enseñarles a los toreros cómo se tienen que colocar y cómo deben presentarle la muleta a los toros. Hay vicios que, cuando uno cree que han desaparecido, emergen como el río Guadiana.

En el encierro de Adolfo Martín, que esta vez no ha viajado a Madrid exagerado de romana, ha habido de todo. Desde el “Satanás” cuarto hasta el quinto de templada y, por momentos, cadenciosa embestida. Pero en general no se puede decir con verdad que haya pisado la arena venteña ni un solo toro completo que pudiera considerarse de triunfo, según las exigencias del público madrileño, y menos con la actitud del sector arriba referido.

¿Entienden ahora los toristas a ultranza por qué las figuras no hacen el gesto de ir a Madrid con las corridas denominadas duras? ¿Para qué, para que los traten como han tratado esta tarde a Castella? No, gracias, pensarán ellos. Y con toda razón.

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Público raro, raro, raro...

Paco Mora

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