Arden las fallas, acaba Valencia. No hubo debacle pero tampoco todo el público que hubiéramos deseado. Se ha capeado la crisis y la feria ha tenido sus altos y bajos. Dice la afición, y la mayoría de los críticos, que hubo dos varas de medir. El toro de las figuras y el toro de Valencia. Luego dicen algunos toreros que quieren manejar el futuro por encima de las empresas, de los públicos, de los presidentes, de la crítica y de la difusión. Mal asunto si no ponemos por delante la lógica de este espectáculo; y la lógica de los tiempos, en tiempos de escasez, y de una Fiesta que cada año tiene más problemas y menos clientela. Administremos el futuro, volvamos a la esencia y tengamos claro que este espectáculo sólo está en manos del público, de la afición. Y cada vez está peor para los novilleros, para docenas de matadores que sudan para encontrar un contrato o una oportunidad. Pero me da la sensación de que va a haber que explicarle muchas cosas al público.
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Quedan claras muchas cosas
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