El Juli sigue repicando alto. No perdona. Su velocidad de crucero cuando la frecuencia del calendario, el calor, el toro, la categoría de las plazas, los viajes, los pisotones del toro… y demás, empiezan a pedir profesionalidad no sólo no decae si no que se hace notar más y marca distancias. No crean que por menos categoría las plazas son más fáciles. De eso nada. Ante esa pregunta habría que responder que para unos sí y para otros no. De siempre ha habido toreros que en los grandes puertos se han hundido, lo que parece lo más natural, pero también ha habido toreros que han llegado a las playas y ni qué decirles a los arroyos o a los gaches y han perdido el celo y el estímulo y han acabado encallando. Pues ese Juli no hace distingos, en Valencia arreó con el dulce y con el bravo y horas después llegó a Roquetas y más de lo mismo y en Atarfe en una contrarreloj ese mismo día repitió éxito. Esa regularidad y el empeño en querer ser mejor y mejor todos los días que muestra el madrileño son las cosas que distinguen a los grandes.
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Repicar para vivir
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