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Samuel Navalón: sueños de sucesión

José Luis Benlloch
jueves 19 de febrero de 2026
Habla Samuel Navalón, la última esperanza valenciana en el escalafón de los matadores. Sueña él y sueña la afición. Retirado Ponce, el trono está vacío y todos sabemos lo importante (necesario) que es para una plaza un ídolo propio. Y lo importante que es para un novel ganarle el corazón a su afición. Las inmediatas Fallas son su gran ocasión, se presenta como matador de toros en el cartel estrella del abono. Lujo y riesgo.

-¿Qué es torear bien?

-Un regalo de los dioses, lo que ando buscando.

-¿Todavía?

-Es que nunca se llega a torear como uno quiere… pero diría que torear bien es cuando se consigue aminorar la velocidad de la embestida del toro, cuando la dominas, cuando lo llevas hasta donde quieres, cuando te impones desde tu sentir. Eso es torear bien.

-No es poco, pero… ¿tú crees que es posible reducir la velocidad del toro o es la condición del toro la que permite la reducción? porque si un toro embiste fuerte y ligero no se puede torear despacio… digo.

-La condición del toro es fundamental pero también la del torero. Dependiendo de la condición de cada animal cuando el torero imprime despaciosidad y le pone presión en la muleta es más fácil que el toro se reduzca y es entonces cuando se llega a torear despacio.

-O sea, bien.

-O sea, bien.

-Y para lograrlo qué es lo principal, el corazón o la cabeza.

-Las dos. El corazón es lo primero y todo seguido la cabeza para adivinar lo que cada toro requiere.

-Por discrepar… La cabeza da valor. Un torero sabiendo lo que debe hacer gana en seguridad y como consecuencia en valor.

-Sí, pero si uno no lo tiene de primeras y de verdad, por mucho que uno conozca la técnica… En la plaza hay momentos en los que hay que lanzar la moneda al aire y para eso es cuando verdaderamente hace falta el corazón.

-Quieres decir que no todo es ciencia.

-La ciencia, la técnica, ayuda, es necesaria, pero viene a continuación.

En esa disyuntiva eterna nunca definitivamente zanjada, remata esta introducción.

-Para mí torear lo es todo. Es para lo que vivo, lo que me hace sentir vivo. Me aporta la felicidad, las ganas de crecer como torero y como persona. Torear siento que me hace madurar.

Habla Samuel Navalón, la última esperanza valenciana en el escalafón de los matadores. Sueña él y sueña la afición. Retirado Ponce, el trono está vacío y todos sabemos lo importante (necesario) que es para una plaza un ídolo propio. Y lo importante que es para un novel ganarle el corazón a su afición. Las inmediatas Fallas son su gran ocasión, se presenta como matador de toros en el cartel estrella del abono. Lujo y riesgo. Un Talavante inspirado o un Roca desatado son enemigos incontenibles. Contra eso solo cabe pasión juvenil, apuesta, corazón y cabeza, ambición y suerte. Estoy convencido de que lo sabe. “Voy con todo, con toda ilusión, dispuesto a que sea una tarde muy importante para mí. No voy a escatimar nada”.

“Tras la cogida de Algemesí, en la UCI, sentí que la vida se me escapaba, fue muy angustioso”

Para hablar de todo ello hemos quedado en Las Moratillas, en la planicie de Yecla, el vértice en el que se reúnen tres comunidades. Nos recibe un frío estepario, en realidad lo que toca en enero, nada que interrumpa la actividad de sus propietarios, la familia Nazario. Cultura laboral obliga. Olivos en súper intensivo, pistachos, almendros y naturalmente el bravo que estuvo en el comienzo de la gran transformación de Las Moratillas, el símbolo y coronación de un éxito personal y empresarial de la familia que todo seguido no quiso detenerse en lo estrictamente sentimental y avanzó, emprender es el verbo de los Ibáñez, hacia la rentabilidad de lo que hasta entonces eran tierras de esparto y viñas hasta convertirlas en un vergel sin renunciar a sus gustos más personales, el toro y los amigos.

Foto: Vicent Canelles

En los cercados más próximos a la casa tienen su sitio y sus cuidos un ciento largo de vacas de sangre núñez, las villamartonas y rinconeras que le compró Nazario a Manolo González, como delatan los pelos que estos días les ayudan a defenderse del frío y componen toda una deslumbrante galería cromática: coloradas de cuerna acaramelada, burracas de pitones negros y mazorcas blancas, también las mulatonas, las salpicadas, las sardas… y el toro semental de armoniosas y muy toreras hechuras, colorado, bajo, reunido, con mucho cuello, los pitones para adelante…  y si hay que resumirlo, digamos toro de los que dan ganas de ser torero, que de eso va el argumento de la casa, de ser felices, se lo ganaron, y de hacer felices.

“Que qué es torear bien…un regalo de los dioses, lo que ando buscando”

Al llegar, dos pilastras en la carretera de Yecla a Almansa anuncian y franquean la entrada a la finca. Un camino asfaltado y delimitado por sólidas traviesas de madera, lujo y buen gusto ganadero, conducen a la plaza cubierta, la misma que mandó construir Nazario una mañana de frío, escarcha y viento en la que hubo que suspender el tentadero y el patriarca nos mandó a todos a casa con una sentencia en los macos que tenía mucho de compromiso: “Tranquilos, es la última vez que pasa”, y dicho y hecho, poco tiempo después habían levantado al final del camino asfaltado una plaza cubierta con todas las dependencias necesarias, capilla incluida, decorada por uno de los mejores pintores de la tierra, un milagro que con el tiempo, no necesitó mucho, complementó con una salón magnifico, calefactores y todas las comodidades necesarias para que ni el viento, ni el agua ni el frío ni mucho menos la pereza que en Las Moratillas tiene prohibida la entrada, volviesen a osar suspender un tentadero.

Foto: Vicent Canelles

Hoy hay encerradas tres vacas para que veamos torear a Samuel Navalón al que la familia tiene como uno más de la casa. Samuel es un valenciano del valle de Ayora, buen torero, de los que en el lenguaje actual se dice muy capaz, con triunfos fuertes en su Albacete de adopción y en el mismo Madrid donde acudió a confirmar la alternativa sin demoras, con dos corridas en el cuerpo, no más. Eso, en tiempos en los que a la grey torera les gusta esperar y templar el trago del examen capitalino, define qué clase de gallo es este Navalón. La apuesta tuvo premio y acabó cortando una oreja de ley y cojones, con perdón, si es que hay que pedir perdón, pero es así como fue. Este día en Las Moratillas, su casa de invierno donde le han acogido con calor de familia, anduvo fácil, por encima de las oponentes que a falta de presencia le contraprogramaron con sus cositas que resolver y vaya si las resolvió.

EL ARRANQUE Y LA CORNADA

La historia torera de Navalón comenzó por generación espontánea. Llegó al toreo, confiesa, sin antecedentes familiares que lo justificasen, atraído por la solemnidad del toro, me explica, y acabó atrapado por la curiosidad, por saber de lo que era capaz de lograr la maestría del hombre frente a la fuerza del animal… Bajo ese interés comenzó a ver toros en Albacete, Valencia, Elda… donde los padres le llevaban para satisfacer la curiosidad y el gusto del chiquillo. Poco tiempo después, atrapado por ese no sé qué que genera el toro, se matriculaba en la escuela taurina de Albacete, donde se ganó el aprecio y la atención de los profesores que entendieron pronto que su vocación tenía fundamentos sólidos.

“Hay que ser fiel al toreo que uno siente sean cuales sean las circunstancias”

En ese tiempo conoció a la familia Ibáñez, lo que le permitió acercarse en el día a día a su amigo el toro y ser uno más en los tentaderos de la casa, amistad que se consolidó en el tiempo de la pandemia, cuando le ofrecieron refugio en Las Moratillas y acabó ayudando en la atención a los animales y entrenando con Rubén Pinar y el propio Jorge Ibáñez, lo que supuso dar un gran paso adelante en su formación. Para entonces había logrado compaginar lo que era una afición desmedida y los estudios que completó hasta acabar el bachillerato.

EL PEAJE DE LA CORNADA

El pasado septiembre, cuando la temporada iba camino de las tablas llegó una gravísima cornada en el festival de Algemesí. Una ocurrencia, casi un divertimento, un ofrecimiento en el tercio de banderillas le llevó a las puertas de la muerte. Fue el primer percance grave de su carrera. Las secuelas todavía se atisban en el timbre agudo de la voz que va corrigiendo con la ayuda de los logopedas. Nada para lo que se temió en un principio. “Llegué a pensar que me podía ir. Lo pensé, sí. En la plaza me di cuenta de que algo muy fuerte me estaba sucediendo, pero cuando realmente sentí que la vida se me escapaba fue en la UCI. Cuando me despiertan y me desentuban comienzo a sentir que me ahogaba. No podía respirar y me hinchaba, me hinchaba sin cesar, como un globo. Se me escapaba el aire por una lesión en la tráquea que no se había detectado y ya te digo, se me hinchaba el pecho, los mofletes, el cuello… fue muy angustioso, lo pasé fatal”.

-En ese trance te debiste preguntar aquello de a mí quién coño me manda ser torero, ni coger un par de banderillas…

-No, no. Lo pasé muy mal pero nunca llegué a pensar que si no hubiese cogido el par o si no me hubiese puesto delante de un toro no me estaría pasando aquello, eso no me pasó por la cabeza. Luego, cuando superé los momentos más críticos, me sentí más torero que nunca. Entendí que aquello me iba a ayudar a ver más claro el camino y los objetivos que quiero conseguir.

Foto: Vicent Canelles

-Después de ese mal trago hay que preguntarte por el valor… qué es el valor.

-Valor es tirar hacia adelante cuando se complican las cosas y cuando no también, el toreo bueno siempre es hacia adelante. Valor es tirar la moneda al aire conscientemente, sabiendo que puede salir cara o puede salir cruz. Ser fiel al toreo que uno siente sean cuales sean las circunstancias, eso es el valor.

-¿Dónde, cuándo, echaste la moneda al aire?

-Muchas veces. Ahora mismo me viene a la cabeza la tarde de San Isidro. La corrida del Conde de Mayalde no me estaba propiciando el triunfo y lo hice. Ese día sentí que cruzaba la línea y echaba la moneda al aire en muchos momentos.

-Y por ahí, por esos barrios, al otro lado de la línea, supongo que debe habitar el miedo.

-El miedo es una sensación difícil de definir. En mi caso se mete dentro de mí y me hace sentir presión en el pecho, en realidad en todo el cuerpo… pero cuando consigues dominarlo genera una sensación bonita, reconfortante.

-¿Cómo se manifiesta?

-En los momentos previos a cuando vas dispuesto a jugarte la vida, así que siempre.

-¿Nunca te has dicho qué hago aquí?... ¿quién me manda?

-En algún momento, cuando más aprieta la responsabilidad te pasan muchos pensamientos por la cabeza y alguna vez no puedes evitar ese quién me manda que dices, pero en mi caso es muy fugaz, estoy muy feliz en esta tesitura de ser torero con todo lo que eso conlleva, miedo incluido.

-¿Dime en qué eres muy bueno?

-Como persona, por la manera en la que me educaron mis padres, te aseguro que soy muy buena gente.

-Eso no lo voy a dudar, pero estamos hablando con el torero.

-Como torero, aunque hay momentos de duda, momentos difíciles como tenemos todas las personas, creo mucho en mi capacidad, creo en ese sentimiento que llevo dentro de mí que me lleva a entregarme a mi profesión cada día y confió mucho en que voy a ser capaz de conseguir lo que me he propuesto en el toreo.

-Comprométete, bueno, bueno, en qué.

-Creo que puedo llegar a marcar la diferencia en… duda… Tengo capacidad para adaptarme a cada toro en cada momento, en eso.

-No hemos mentado el arte.

-El arte es un sentimiento, lo que surge de un duende que llevamos dentro. No es fácil de explicar, pero cuando hay arte se transmite, se nota.

“En Valencia están mis raíces, nací en Requena, me crie en Ayora, estudié el valenciano en clase… cada vez que piso Valencia me siento en casa”

-¿Navalón tiene arte?

-Puedo llegar a tenerlo. Ahora mismo tengo otras virtudes que afloran por encima de arte. Yo aspiro a ser un torero completo que reúna muchas cualidades.

-¿En ese ahora mismo cuáles son tus armas fuertes?

-La mano izquierda. Lo veo claro, estoy toreando muy a gusto por ese lado y me hace sentir sensaciones muy importantes. Me hace sentir una gran confianza y que puedo hacer grandes faenas por ese lado.

Foto: Vicent Canelles

-¿Por dónde debe crecer Navalón?

-Con la mano derecha. Al no ver el vuelo suelto no acabo de conseguir por ahora el ritmo y el trazo que sí estoy consiguiendo por el lado izquierdo.

Ante retos como el de triunfar en el toro, nada es fácil ni gratis ni sobra. Y el invierno es el momento de afinar las armas. El régimen de preparación, cuando ya se vislumbran las Fallas a la vuelta del calendario con la comprometida tarde de su debut como matador en Valencia, es máximo e intenso, en lo físico y en lo artístico. Físicamente dice estar ya al noventa por ciento tras el percance de Algemesí, rozando la puesta a punto ideal. “Lo físico me da confianza y me sacrifico al máximo para lograr una puesta a punto ideal, pero le doy más importancia al toreo de salón, ese es un ejercicio que me permite rebuscar los sentimientos dentro de mí”. En esas cuestiones cuando le preguntas por sus referentes, Juli salta de inmediato a la palestra. Fue su referente desde niño y en ese altar sigue.

LO PERSONAL

-Natural de Ayora, tierras que conocen como la Valencia castellana, formado en la escuela de Albacete, creciste artísticamente alejado de los círculos taurinos de la capital, lo que hace que me pregunte si cuando has toreado en Valencia has sentido el calor patrio...

-Me he sentido muy arropado y muy a gusto. Aunque no he alcanzado la puerta grande ni con caballos ni sin caballos, he estado muy cerca y he sentido sensaciones muy especiales.

-Porque tú te sientes valenciano, claro.

-Muy valenciano. En Valencia están mis raíces, nací en el hospital de Requena, me crie en Ayora, estudié el valenciano en clase y aunque no lo hablo porque mi tierra es castellano parlante lo entiendo, diría que lo domino. Cada vez que piso Valencia me siento en casa.

-¿Eres supersticioso?

-Considero que no. En algún momento quizá me sienta inseguro y… pero supersticioso no.

-Ya. ¿Apagas la luz de la habitación cuando te vas a la plaza?

-La dejo encendida, claro.

-¿La montera encima de la cama?

-Ni se me ocurre.

“Ahora mismo tengo otras virtudes que afloran por encima del arte. Yo aspiro a ser un torero completo que reúna muchas cualidades”

-Ni tampoco pasarás por debajo de una escalera.

-Tampoco.

-Entonces no somos supersticiosos.

-Vale. No soy supersticioso en la medida que un torero puede no serlo. Hay cosas que hacen los toreros y que yo se las he visto hacer siempre, así que no voy a dejar de hacerlas yo.

Foto: Vicent Canelles

-¿Religioso?

-Creyente. Aunque en mi infancia no he sido muy practicante, mi familia sí lo ha sido siempre. Ahora mi profesión me va acercando cada vez más a la religión y le pido al de arriba que me ayude.

-Una devoción especial.

-La Virgen del Rosario, que es la patrona de mi pueblo.

-¿Políticamente qué te interesa?

-No soy muy aficionado al tema. Ya me entiendes, pero me interesa el que me permita seguir desarrollando mi vocación. Nunca me interesará quien pretenda prohibir lo que es mi devoción.

-¿Qué te preocupa del mundo?

-Que la juventud no valore los valores que promueve la tauromaquia. Me refiero a la tolerancia, al respeto, a la verdad…

-¿Ser torero te supone muchas renuncias?

-Yo no renuncio a nada. Hay que saber decir que no en momentos puntuales, no más. Aunque el toreo es muy celoso deja tiempo para la familia, para los amigos, para disfrutar de un buen viaje, de una buena comida… Naturalmente siempre y cuando se tenga un compromiso total con la profesión.

-Total que no sales por la noche ni te das tus fiestas.

-Cuando no es momento no. Cuando acaba la temporada, sí, alguna vez, porque también hay que ver lo que hay fuera. Tampoco hay que estar muy aislado del mundo.

Amigo del buen vestir en la plaza, es partidario de los colores claros desde que un día, Jesús Gil, taurino de solera, muchos años en el equipo de los Choperitas en los años gloriosos de aquella familia, le inculcó que los toreros jóvenes y en sazón debían apostar por los colores claros “que para los oscuros ya habría tiempo”. Este arranque de temporada tiene el armario a punto y cumplido sin necesidad de acudir al sastre. “Tengo el blanco y oro de la alternativa con el bordado de los jarrones, el de la confirmación un malva y oro, un chenel como se dice ahora, los dos con apenas dos puestas y varios vestidos más. De momento no necesito ir al sastre”.

Foto: Vicent Canelles

-¿Qué hiciste con el primer dinero que ganaste?

-Lo guardé con mucho cariño. En realidad poco tiempo. Era un chiquillo. Fue en Montealegre del Castillo. Ese día corté dos rabos. Cuando lo tuve en la mano creí que había conseguido un gran objetivo. Luego lo gasté en capotes y muletas.

Usa trastos con cierto peso porque, dice, tienen mejor aplomo en la plaza. Últimamente utiliza los que fabrica su amigo Jorge Ibáñez por motivos que van más allá de la amistad. “Tienen muy buen vuelo”.

LO PROFESIONAL

-¿Qué lugar ocupa el dinero en tu vocación y en tu sacrificio diario?

-A día de hoy secundario. Lógicamente es un objetivo, una motivación. Como todo torero, en realidad como toda persona, necesitas subsistir y para eso la pasta es fundamental. Para mí es una motivación para dar lo máximo, para arrimarme mucho.

-Hasta ahora supongo que la carrera no te habrá costado dinero.

-Gracias a Dios, no, aunque por desgracia a muchos compañeros sí les cuesta.

-¿Cuál será el primer capricho que te des cuando llegue la pasta?

-A mí me gustaría construirme mi propia placita de tientas. En Ayora, claro.

-¿El toreo es justo contigo?

-Yo creo que sí. Cada cosa llega a su tiempo. Todo sucede cuando debe suceder y cuando las cosas no vienen es porque no deben venir.

-¡Suena conformista!

-No, todo lo contrario. Siempre se dijo que esta es una profesión de fondo, de largo metraje y que hay que insistir y yo estoy dispuesto. Te puedo decir que este año soy más maduro que el anterior y seguiré creciendo en busca de mis objetivos. De conformista nada.

-¿Esto del toro es tan bonito como habías soñado?

-Más aún. Es cierto que hay momentos muy duros, momentos de incertidumbre que hacen que me asalte la duda de si seré capaz, pero afortunadamente me sirven de estímulo para superarme, pero el toreo también te permite vivir momentos maravillosos que ni soñados.

“¿Cabeza o corazón?... hay momentos para lanzar la moneda al aire y para eso lo primero es el corazón”

-¿Tu trayectoria va a la velocidad que deseas o la han ralentizado?

-Va a la velocidad que Dios ha querido que vaya. Los principios han sido rápidos. Pasar de novillero sin picadores a debutar con picadores, tomar la alternativa, confirmarla en Madrid, todo en poco tiempo ha sido algo que me presionó mucho, pero lo afronté con gran ilusión. Esta es una nueva etapa que afronto con más madurez.

-¿Lees las crónicas?

-Depende. Si sé que he estado bien igual las leo y me vengo un poco arriba. Y si he estado mal las leo menos. Pero sí me gusta saber la opinión de la gente que conoce la profesión y tiene opinión.

-¿Te cabreas?... leyendo las crónicas, digo.

-Me cabreo conmigo mismo cuando las cosas no salen o no alcanzo el nivel que busco. Cuando no me ponen bien, si tienen razón, lo acepto. Y sí, también guardo alguna crónica.

-Te espero en Valencia.

-Dios quiera que me encuentres en la puerta grande.

-No es mal sitio.

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