Duelen más los contratiempos que las cornadas. Por eso ahora hay que estar deseándole a Escribano que la suerte, la cirugía y los periodos de recuperación estén de su parte, porque se va la que iba a ser una gran temporada. Claro que duelen las cornadas, incluso cuando no tienes apenas contratos; pero cuando la libreta de tu apoderado está llena y hay treinta, cuarenta o más tardes de luces a la espera, y eso es un milagro tal y como está el patio, cada contrato que se pierde, cada paseíllo que no se hace, cada toro que no toreas, cada puerta grande que sigue sin abrirse y, bueno, también, cada contrato que no llegas a cobrar, no hay enfermedad ni contratiempo peor para un torero. Y eso le está pasando este año a Manuel. Y hay que estar y celebrar que vuelva pronto y con las heridas restañadas.
Si pensamos en Escribano: peor es la historia de un torerazo (Chenel lo supo antes que nadie) que se ha ido cuajando en maestro de su complejo oficio. Escribo, claro, de Antonio Ferrera. Pedazo de profesional con una carrera en ascenso que todavía (y el próximo año seguro estará en la parrilla de salida) no ha escrito sus últimos y mejores tratados de tauromaquia activa. Tu hueco está ahí Antonio…
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