¿Saben que les digo?, pues que, como rezongaba Curro Romero, las orejas al fin y al cabo no son más que sanguinolentos despojos. Y que me quedo con las actitudes de los tres toreros y mis sensaciones.
Si digo que hoy el palco de la Maestranza ha sido justo en la concesión de trofeos, los de siempre contestarán diciendo que se ha pasado de duro. Si por el contrario afirmo que ha estado demasiado exigente, me lloverán los pescozones acusándome de verbenero y recordándome que la de Sevilla no es una plaza de talanqueras. Pero lo cierto es que los usías de la Sultana están demostrando esta feria criterios asaz variables, para juzgar a los actuantes según sean figuras de relumbrón o sencillamente respetables matadores de toros. Con cuya labor se han mostrado más bien parcos en el premio. Hoy mismo a El Cordobés -que es como es porque es así- podía concedérsele perfectamente una oreja sin que chirriaran los goznes de las puertas de la Maestranza. Otro tanto, pero aún más palpable, ha ocurrido con Padilla. En ambos casos, especialmente en el del jerezano, el público pidió el trofeo por clamorosa mayoría y con insistencia. Claro, que también cabe la posibilidad de que su señoría presidencial llevara los pañuelos sucios y no haya querido colgarlos en el balconcillo hasta que se los laven. Lo malo es que cuando torean las figuras mimadas por el público sevillano, los pañuelos salen tan rápidamente como si estuvieran mojados y se tendieran a secar en la barandilla.
En consecuencia con todo lo dicho, tengo para mis adentros que me he explicado tan rematadamente mal que temo que mis posibles lectores se hayan quedado sin saber mi opinión al respecto. Pero, ¿saben que les digo?, pues que, como rezongaba Curro Romero, las orejas al fin y al cabo no son más que sanguinolentos despojos. Y que me quedo con las actitudes de los tres toreros y mis sensaciones. Que han sido las propias de una tarde alegre, simpática y chispeante en la que tres toreros, a dos de los cuales aprecio por su calidad como seres humanos –me refiero a Manolo y Juan José- han hecho con honradez y sinceridad todo lo que han podido y más, haciendo honor con creces a los adversarios que han tenido delante. Honradez, sinceridad y entrega que no vamos a descubrir aquí y ahora. Y mañana será otro día…
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Tres toreros honrados
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