Hay que rendirse a la evidencia: Andrés Roca Rey le ha dado, en cuanto a valor y sangre fría, un golpe de tuerca más a lo que hasta ahora conocíamos como valentía en un hombre vestido de luces. A uno ya le asustan muy pocas cosas a estas alturas, pero el joven Roca Rey me mete el miedo en el cuerpo.
Si los toros le siguen respetando está llamado a ocupar el trono del toreo. Lleva quince minutos de matador de toros y sale a revolución por corrida. Conquistó Sevilla, conquistó Madrid y ahora ha rendido la plaza de Pamplona. Con el bueno, con el malo y con el regular. El torero que quiera fundamentar su toreo en el valor, de ahora en adelante tendrá que comenzar a dar un paso más que el peruano de oro que trajo a la Fiesta José Antonio Campuzano. A uno ya le asustan muy pocas cosas a estas alturas, pero el joven Roca Rey me mete el miedo en el cuerpo. No se a qué advocación se encomienda, pero debe ser al santo patrón abogado de los imposibles.
Yo no había visto a nadie pasarse los toros más cerca y milimetrando el espacio entre su piel y los pitones. ¡Qué barbaridad! Y además, cuando un toro le mete la cara, torea con un temple y una suavidad de pura seda. Hay que rendirse a la evidencia: Andrés Roca Rey le ha dado, en cuanto a valor y sangre fría, un golpe de tuerca más a lo que hasta ahora conocíamos como valentía en un hombre vestido de luces. No tiene suerte en los sorteos. Si hay un toro malo, a él le toca. Pero quieto, lo que se dice quedarse quieto delante de un toro, sólo los pilares de piedra que ensamblan las barreras de las plazas se quedan tan quietos que él.
Miren que Castella y Perera les echan bemoles a los toros, bueno pues lo de Roca Rey es punto y aparte. Además tiene una cabeza fría y despejada, y se le nota de corrida en corrida cómo da pasos de gigante hacia la perfección de su toreo... Qué digo pasos ¡Da zancadas! Hoy ha podido cortarle un rabo a su primero y se ha tenido que conformar con dos orejas, arrancadas a un toro que no le ha dado grandes facilidades, con el que se ha tomado por su cuenta todas las confianzas. Le ha propinado un tantarantán para encogerle el ombligo al más pintado y él se ha levantado y ha seguido pisando ese terreno que asusta a los tendidos. Y cuando liga una serie de muletazos, que liga muchas y a casi todos los toros, uno tiene la impresión de que está viendo a un privilegiado del toreo con veinte años de alternativa. No exagero, palabra de honor. Este chiquillo es un fenómeno. De otro modo, porque entonces se toreaba de otra manera, dicen que esa misma impresión causaba Joselito “El Gallo” cuando apenas era un niño. Y pese a ascender a la Gloria en Talavera cuando era todavía un muchacho, ya hacía años que se le tenía por “El rey del toreo”.
Castella también ha tocado pelo, y Perera no ha salido en hombros con tres orejas en el esportón por culpa de la espada. Bueno y un poco quizás por el que la empujaba, que no le vamos a echar todas las culpas a los elementos, como hizo el Rey de España cuando los ingleses nos dieron “pa el pelo” en la batalla de Trafalgar.
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Un Rey revolucionario
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