Esta tarde Diego Ventura hará el paseíllo en la plaza de toros de Las Ventas, en un año en el que se cumple una década desde su primera salida a hombros de este coso. Desde entonces ha sumado un total de once y llega en 2015 en una etapa de madurez.
-Se cumple este año 10 años de su primera salida a hombros en Madrid.
-¡Cómo pasa el tiempo! Me acuerdo perfectamente. Fue en el mes de octubre y con poco público en la plaza. No quiso ir ningún compañero y ahí estaba yo. Fue una corrida de Fidel San Román, recuerdo que mi primer toro pesó 699 kilos. Me llenó de orgullo aquel triunfo.
-Y en 2006, tres Puertas Grandes seguidas en San Isidro.
-Un sueño cumplido. Fue todo muy redondo y muy rotundo. Esa es la única manera de salir adelante, a base de zambombazos. Tal y como está el toreo no sirve ya con un triunfo puntual. Hay que refrendarlo tarde a tarde a base de orejas. Sumar y sumar. De lo contrario, te mandan a casa.
-¿Qué ha representado Las Ventas para Diego Ventura?
-Sobre todo ha sido la plaza que me ha puesto donde estoy y me ha demostrado un respeto tremendo. Cada una de las salidas a hombros por ese umbral ha sido distinta a la anterior. Es una plaza que presiona mucho y me responsabiliza pero luego cuando sale el toro es una plaza en la que reflejo lo que soy con toda naturalidad y me relajo porque tienes la garantía de que el público valora el esfuerzo y sabe cuándo estás pisando terrenos comprometidos.
-Me ha llamado la atención lo de los seis toros en Madrid. ¿Qué sintió cuando no aceptaban esa idea?
-Me quedé sorprendido porque no es que no se aceptase lo de los seis toros sino que luego propuse un mano a mano con Pablo Hermoso de Mendoza y la empresa contestó que no lo veía. Esto está al revés de cómo debería estar, en Madrid y en otros muchos sitios.
-¿Ha cambiado mucho su tauromaquia en estos diez años?
-La tauromaquia es la misma. Lo que cambia es la manera de expresarla en ocasiones. Siempre he sido un torero muy puro. Quizás al principio iba igual de recto que ahora pero los riesgos de las monturas y el compromiso lo expresaba de una manera más alocada que ahora donde todo fluye con mayor naturalidad y con mayor sentido. Por lo demás, siempre he sido de no dejarme nada adentro, de dar todas las ventajas a los toros. Ahora soy más maduro pero arriesgo como siempre. Tengo 20 huesos rotos entre ellos la tibia y además soy de los pocos rejoneadores que tiene una cornada de un toro de rejones con todos los destrozos que te hace un toro así.
Lea AQUÍ el reportaje completo en su Revista APLAUSOS Nº 1963

