Hubo de todo en el arranque de los festejos mayores. Momentos de satisfacción taurina y otros de decepción, todo muy torero, blanco y negro, sol y sombra, gloria y... La tarde arrancó a excelente nivel, la entrada que registraba la plaza mismamente anunciaba la buena ola que ha llegado a la fiesta, hay ganas de toros, se palpaba en el ambiente. La estampa limpia y preciosa de los primeros toros, ilusionaba, no en balde eran base del cartel y todo seguido surgió el toreo asentado de Fortes, la animosa disposición de Román y el disgusto intermedio antes del final feliz de De Miranda.
Junto a la preciosa estampa del tercero que embistió gateando de pura clase al capote de De Miranda, se colaron todos los demonios y los efectos demoledores de las aguas y barrizales de este invierno que aseguran, quienes saben de la cuestión, que aguaron las fuerzas y las pezuñas de los ganados de un lado a otro del campo bravo. El toro, cárdeno como todos sus hermanos, acabó en los corrales justamente y al sobrero que bajaba en presentación y no mejoró mucho las prestaciones. Le pitaron en cuanto apareció los que no quieren entender que si hay algún encaste que se puede permitir licencias en esas cuestiones es el de santacoloma, pero peor que la presentación fue la falta de fondo que sacó. Fue la parte triste de la tarde porque al quinto, sin ser el toro que asustase ya le aplaudieron de salida y el sexto, otra hermosura, armónico, justamente armado, ni mucho ni poco, musculado y fino de cabos, sacó la nobleza templada propia de su cuna y permitió que De Miranda hiciese el toreo despacioso, asentado, con los tiempos precisos para recargar los argumentos de quienes han creído en el resurgir del onubense, incluido el maestro Ponce que debutaba como apoderado en esta su tierra. Así que si lo que bien acaba bien está, hay que convenir que pese a los avatares de ese par de toros mediada la tarde, la ídem no la echamos en balde.
"La corrida de La Quinta, de preciosas hechuras, tuvo matices propios del encaste"
Hubo más momentos a celebrar, los pares de banderillas de la cuadrilla de Román -Gómez Escorial, César Fernández y especialmente Fernando Sánchez- que ante el carácter de los santacolomas tuvieron especial mérito. El estreno de la iluminación de la plaza que cuando la pusieron a la máxima potencia convirtió la noche en día con una claridad que no se conocía en plaza de toros alguna, fue otra nota destacada.
Firme Fortes
Fortes volvía a Valencia tras una larga travesía del desierto del que ha escapado a base de fe y convicción, también de… de bemoles, sin bemoles en el toreo no hay paraíso y este Fortes los tiene. Al primero, que se dejó pegar en varas haciendo parecer que era más de lo que era, le salió toreando sobre la derecha muy asentado, muy firme, girando sobre los talones. Tardeaba el toro hasta que le embestía seguido y fuerte y le aguantaba Fortes para hacer crecer la emoción. Fue toro de los que los aficionados califican de interesante y a los toreros no les parece lo mismo. Fortes, después de aguantarle las probaturas, lo despachó de estocada baja y no hubo especiales pronunciamientos. Su segundo, al que recibió con un recorte de rodillas de aires gallistas, se lo brindó a Ponce, no era toro para brindar, pero hay que cargarlo en el capítulo de la cortesía. El toro blandeó en exceso, digamos que fue enclasado y claudicante y no hubo triunfo posible.
Serio Román
Román, a su primero, el esperado Corbatillo, hermano del célebre Tapabocas que se había ganado el indulto por puro bravo en Bilbao, lo recibió con templados lances como si anunciase un Román más maduro. A Corbatillo lo picaron muy mal, trasero y con mucho ruido y Román lo lució en la distancia. Le citó largo, galopó el toro, se emocionaron, nos emocionamos todos, creció el suflé, fue algo así como el tintineo de la bravura, la del toro y la del torero dispuesto, pero esas justas no son de mucho durar y todo palideció pronto. El quinto que fue ovacionado de salida tuvo clase y Román lo toreó con una corrección que seguramente no es lo suyo. Me dicen que es el nuevo Román, pero quitarle a Román el ímpetu y la sonrisa sería un atraco artístico, desnudarlo de su tesoro más íntimo, un crimen de lesa tauromaquia. Al valenciano hay que darle mecanismos de supervivencia que le permitan bracear en aguas feriales y para eso no debe dejar de ser lo que le trajo hasta aquí. Otra cosa, darle formalismo, es desnaturalizarlo.
Triunfador De Miranda
Tras el derrumbe del tercero al que De Miranda le robó bonitos naturales, no tenía más, afrontó su último cartucho con el cierraplaza con la convicción de los toreros que sienten que han encontrado el camino. Los muletazos iniciales por abajo, mandones y templados, muy toreros, acabaron por afianzar al toro y convencer el torero que le cuajó una faena de mimo, digamos que en la acera de enfrente de quien se tiene o se tenía como un torero de guerra. Aprovechó la almibarada embestida del santacoloma, le ligo los muletazos muy dormidos, le aguantó algún amago cuando el fuelle se le acababa al toro y se metió al público en el bolsillo. Las manoletinas finales acabaron de macerarlo todo en un justo triunfo. Mató de una buena estocada y le concedieron una oreja, la única de la tarde. Se pedía más, pero si ese va a ser el baremo ferial hay que aceptarlo.

