Román y Nek Romero fueron los nombres propios de la primera corrida de la Feria de Julio. El primero llegaba lanzado de su paso por Madrid y reafirmó el compromiso con su tierra con una tarde de máxima entrega, y el segundo, necesitado y hambriento, revalidó todo lo bueno que enseñó en su etapa de novillero. Ambos cortaron una oreja, balance justo para los méritos contraídos aunque en el caso de Nek pudo saber a poco porque tuvo la puerta grande muy cerca. Lo hicieron con una corrida de Valdefresno que transitó en esa frontera de la mansedumbre llena de toreabilidad que fue un lujo para los espadas. En definitiva, un buen inicio que contó además con media plaza cubierta en los tendidos pese a la ola de calor que amenaza estos días y que se llevó por delante la tradicional desencajonada de la víspera.
Román se encontró con un lote que de salida hizo las cosas propias del encaste. Más marcadas en el caso de su segundo. El que partió plaza salió suelto en los primeros tercios, el otro directamente salió de najas de los dos encuentros con el caballo. El primero, eso sí, cantó en el capote y en el galope en banderillas su buena condición. Escarbaba y se lo pensaba el toro de Fraile, pero cuando acometía lo hacía con humillada profundidad. Sin ser faena redonda, la actuación del valenciano tuvo momentos notables sobre ambas manos, de muleta arrastrada, temple y buen gobierno. El inicio de rodillas, toreando bien, muy bien, encajado, contó en una labor entregada de principio a fin, hasta las apretadas bernadinas y una estocada trasera al encuentro en la que quedó encunado pero milagrosamente no herido entre los pitones. Un golpe de descabello y una petición minoritaria que no cuajó.
La faena al segundo fue otro cantar. En la primera serie el toro mostró su marcada condición de manso. Román anduvo entonces listo, fresco de ideas, ganándole el paso adelante para que el aquerenciado toro solo viera muleta, y lo hizo donde quiso el valdefresno, que fue casi en la misma puerta de toriles. Ahí le armó el lío Román, en circulares y pases en bandera, muy dispuesto en faena de mucho querer rematada de una estocada trasera para pasear un trofeo.
La tarde de Nek fue una sorpresa. O no. El torero de Algemesí ilusionó mucho a esta tierra en su etapa de novillero. Ahora volvía a su plaza tras prácticamente un año en blanco. Y apenas se notó. O sí pero para bien, porque se le vio, además de con una máxima entrega, lo exige su situación, y como ejemplo fueron sus turnos de quites en los que no perdonó ni uno y se apretó en todos -por serenas saltilleras y gaoneras en el toro de Román, por ceñidas caleserinas en el suyo, y por chicuelinas y tafalleras en el cuarto-, se le vio, digo, con un aplomo impropio de quien está un año sin ver un pitón. Al segundo de la tarde, abanto y sin fijeza, lo toreó con temple y categoría al natural. El inicio de faena fue espectacular con pases cambiados y la sorpresa de un circular invertido ligado a un cambio de mano excelente. El toro, que tuvo veinte embestidas buenas que aprovechó el valenciano, acabó aburriéndose.
Sin embargo, en el quinto, que no se definió hasta el último tercio, llegaría la faena más compacta de la tarde. Gobernó la rebrincada embestida en un poderoso inicio, tuvo incluso que remontar la faena tras un inoportuno desarme en la segunda serie con una tanda de rodillas en la que aquello tomó otro tono. Y su actuación creció de manera definitiva cuando de nuevo al natural su toreo adquirió otra expresión. Las plantas asentadas, la muñeca suelta, toreó fenomenal con la izquierda y hasta supo a poco una única ronda por esa mano, su mano. Con el toro, de más movimiento que clase -pero con la transmisión que llegaba arriba- y buscando la huida, no perdió la fe y mantuvo el interés con una serie de toreo rehilado. Se vació el valenciano en una tarde clave para él. Luego unas bernadinas de vértigo citando al toro de muy lejos, como jugando a la ruleta rusa. O todo o nada. Aquerenciado el toro y agarrado el piso, Del Pozo sacó al toro más allá de las rayas donde Nek cobró una estocada trasera que no tuvo muerte. Al segundo golpe de descabello dobló el toro, siendo premiado con una oreja que además de saberle a gloria, le debe valer.
La primera corrida del abono, concebida como festejo mixto, traía el debut de Olga Casado en esta plaza. Discreto debut cabría decir porque la torera madrileña no tuvo novillos. Su primero de Montalvo fue devuelto tras una decisión precipitada del palco por un par de resbalones del novillo. Decisión precipitada que se tornó en errónea cuando el sobrero, también de la divisa charra, no podía con su alma.
Inédita con el tercero, al que mató bien, y casi con el sexto, protestado sin motivo en cuanto asomó y aplacadas las voces contrarias con dos afarolados de salida. Fue un novillo blando que este sí dio más motivos que el anterior para ser devuelto. Pero no. Volvieron las protestas en cuanto dobló las manos el utrero en la primera serie. El público se puso a la contra. Y por eso no tuvieron en cuenta una serie notable de naturales, de templada muñeca, o unos doblones toreros que cerca estuvieron de revertir el ambiente.
Valencia, jueves 16 de julio de 2026. Toros de José Enrique Fraile de Valdefresno, bien presentados; bueno el primero, el mejor de una corrida baja de raza pero toreable; y novillos de Montalvo (3º bis y 6º), correctos de presentación, blandos y sin poder. Román, vuelta al ruedo tras leve petición y aviso, y oreja tras aviso; Nek Romero, ovación con saludos y oreja tras aviso; y la novillera Olga Casado, silencio y silencio tras aviso. Entrada: Media plaza. Antes de romperse el paseíllo, se guardó un minuto de silencio en memoria de las víctimas del terremoto de Venezuela. Saludaron en banderillas del quinto Víctor del Pozo y Fernando Sánchez. Actuaron como sobresalientes, sin intervenir, Álvaro de la Calle y Adrián Henche.
